10 feb. 2015

Documental 'La Herencia de un pastor' (vídeo)

Manuel Guedes enderezando ramas de acebuche. Foto: Colectivo La Revoliá.

La herencia de un pastor’ (1998) es un documental producido por el Colectivo ‘La Revoliá’ de Juego del Garrote Canario sobre la figura de Manuel Guedes, pastor del que recibieron la mayor parte de sus conocimientos sobre cultura tradicional en general y Juego del Garrote en particular. 

Los Guedes del sureste de Gran Canaria son famosos por ser un clan familiar muy arraigado a la cultura tradicional canaria y pastoril. Grandes pastores como el recientemente fallecido Pepito Guedes o el mismísimo Manuel Guedes. Fundadores del barrio Casa Pastores de Vecindario, muchos de sus descendientes siguen dedicados a la ganadería y elaboración de quesos. 

 En torno a Manuel Guedes los jóvenes de La Revoliá pudieron heredar conocimientos sobre la cultura pastoril, la tradición oral y el Juego del Garrote Canario. En el documental Manuel nos habla de sus labores, su vida, como fue el contacto con los jóvenes de La Revoliá, sus conocimientos de esta práctica ancestral así como la leyenda de “La última punta.” 


 Al respecto de estas cuestiones Eduardo González, artista, escritor y antiguo miembro de La Revoliá que estudió sobre la vida y genealogía de Manuel Guedes escribió en su obra “Entre Guedes y Manueles”: 

 ”....los avatares de la vida y las decisiones ajenas rompieron su juventud de pastor. El estallido de la Guerra Civil Española, auspiciada por un militar en armas que se enfrentó con las que el diablo carga contra el legítimo gobierno de la II República, llamó a formar parte de la contienda a quien hasta ahora sólo entendía de cuidar cabras y trasquilar ovejas. Participó Manuel Guedes en el conflicto con el mismo convencimiento que otros de su misma condición lo hicieron: soportando el peso y la vergüenza de los fusiles con bayonetas caladas para conservar su vida y dignidad, obligadas éstas a tomar parte activa en un conflicto del que no se les pidió opinión alguna. 

Terminada la contienda e instaurado un régimen dictatorial y generalísimo al que hubo que someterse, el miedo respetuoso a la autoridad prepotentemente imperante propició la represión sobre los que sabían gobernar un garrote con el que podrían imponer el respeto perdido ante el avasallo del que serían víctimas constantes. Entonces se escondieron los pastores en lugares apartados o a la luz de las noches de luna clara para mantener su práctica y manejo. "Antiguamente se peliaba al garrote pero más adelante también se decia: vamos a echar una mano o a jugar...pero siempre acababamos dándonos leña. Esto era una pelea naa más de pastores".- nos decía Manolito...." 

"...los gemelos Manuel y María Guedes crecieron a la par del suero, la leche y el gofio que fueron conformando el estirón de sus huesos y desde muy pronto empezaron a conocer los caminos que los conducirían por una vida tempranamente acompañada de garrotes y animales. Así, en el año 29 del siglo pasado, cuando apenas acababan de cumplir nueve años, tuvieron que vérselas ellos solos al cuidado de un ganado de cabras en la zona de Las Carboneras, en Sardina del Sur, mientras sus padres, asentados en la zona alta del municipio de Santa Lucía, tenían que hacer frente al ganado de ovejas, al corral y al ejercicio del queso con el que solucionaban su subsistencia y las medias contraidas con Don Francisco Araña, alcalde y propietario éste de extensísimas huertas de pastos y de la mitad de los dos ganados. 

Nació el pastoreo como el primer oficio que la vida le puso en el camino al joven Manuel, añadiéndole en sus manos un garrote como herramienta de trabajo, tanto para dirigir el ganado como para salvar obstáculos que la agreste geografía de la acanariada isla le presentaría tanto en el tiempo como en el espacio. Más adelante su padre se encargaría de enseñarle el manejo del acebuchal implemento que le serviría para guardar su propia integridad como persona. 

Eran tiempos en que cuando los ganados se cruzaban en zonas de pastos había veces que las palabras se hacían insuficientes para alcanzar un buen entendimiento. Entonces hablaba la contundencia del garrote con los sonidos claros y certeros de "escachaos", "revoliás", "puntas", "quites", "cruces" y "enganches", términos éstos con los que se conseguía desarmar al desafiante interlocutor con el fin de oír las disculpas pretendidas. Juan Caballero López, primo de su padre, fue uno de los que se encargaron que al joven Manuel no le faltasen recursos lingüísticos a la hora de entablar este tipo de conversaciones. En esta escuela de idiomas también formaron parte Los Calderines y Casimiros de Telde, Los Ramirez de las cumbres de la isla, Los Lorenzo Jimenez, "gente fuerte y nerviosa, de gran caracter', Cho Frascorro, Cho Antonio y Cha Pino Calderín, conocida esta última por su rabiosa forma de hablar en compañia de su garrote..."





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