10 nov. 2014

El whatsapp de los guanches

Foto: Elena Hernández

El artesano de Icod Ricardo González trabaja por recuperar el uso del bucio, instrumento usado como altavoz, despertador y manera de avisar desde los tiempos indígenas en las Islas Canarias. "Durante finales del siglo XIX y el siglo XX, el bucio se tocaba para todo pero poco a poco fueron surgiendo nuevos adelantos y hasta se llegó a decir que daba mala suerte para que no fuera usado y dejará así de dar chivatazos, por ejemplo, de la Policía" recuerda González. 


ELENA HERNÁNDEZ. La Opinión. Antes no existía la posibilidad de mandar un whatsapp chivato que alertara de la presencia de la Guardia Civil en la rotonda cercana a casa, tampoco un Facebook donde comunicarte con personas que no conoces de nada, ni tampoco alarmas que sonaran en el momento preciso para saltar de la cama y salir pitado al trabajo. No importaba, antes de las nuevas tecnologías estaba el bucio. Esta caracola usada ya por los guanches se ha empleado para todo: desde despertador hasta pita, pasando por instrumento de la prensa rosa. Y aún hoy hay quién lo hace sonar con un único fin: que no muera. 

 A veces suena suave, como un murmullo lejano. Otras, en pitidos cortos y estridentes alarmando a quien lo escucha. Y en algunas ocasiones es largo y conciso como quien no quiere terminar de hablar hasta que haya quedado claro el mensaje. El bucio canario se ha tocado de una y mil formas desde los tiempos de los aborígenes isleños. En forma de whatsapp, para avisar de los peligros o cotillear de los vecinos, como despertador que alerta de que llega la hora de recoger pinocha o como llamada perdida para que se reúna alrededor de la mesa toda la familia... Su sonido es un código secreto que solo puede ser desentrañado por quien conoce su lenguaje. El artesano icodense Ricardo González es uno de ellos. Y tiene un objetivo: que la caracola que tantas historias ha contado en el Archipiélago no deje de sonar. 

Tocando el bucio en El Tanque (Tenerife). Foto: ABC
 "Mi madre fue mi biblioteca. Era ella quien me contaba infinidad de historias sobre el bucio en las Islas", explica González mientras enseña con orgullo las dos caracolas que ha traído. Gracias a los relatos familiares, el icodense empezó a atacar cabos y a dar vida a un instrumento que parece que ya había tocado su fin. "Ya no se escucha a los ancianos y son ellos los que tienen que contarnos muchas cosas, los que saben de nuestra tierra", añade el artesano. Poco a poco, y con pedazos de historias de aquí y allá, González armó la biografía de la caracola canaria. "Es increíble para la cantidad de cosas que se usaba", apunta fascinado. Y es que ni todas las tecnologías del mundo se pueden emplear para tal variedad de asuntos. "Antes no habían redes sociales ni mensajerías instantáneas. El bucio suplía todas estas carencias", señala González. Si se pegaba fuego el monte, sonaba el bucio; si era la hora de entrar en la platanera, más bucio; si una mujer había sido infiel, cotilleo por el bucio. "También era usado para llamar a los perros y las yuntas, para avisar de que llegaba la Guardia Civil y hasta para cachondear un poco con los vecinos", añade el especialista. 

 Pero entonces aparecieron los relojes, los despertadores y los teléfonos móviles. Y también la picaresca. "Durante finales del siglo XIX y el siglo XX, el bucio se tocaba para todo pero poco a poco fueron surgiendo nuevos adelantos y hasta se llegó a decir que daba mala suerte para que no fuera usado y dejará así de dar chivatazos, por ejemplo, de la Policía", relata el artesano. Las caracolas fueron confiscadas, pero no por eso dejaron de sonar. "Surgió entonces el bucio de sequero, que se hace con botellas, y también las cañas", añade el icodense que también toca uno de estos instrumentos. 

 Y así hasta ahora. "Cada vez quedan menos tocadores, por eso me he propuesto recuperar este sonido y algunas de las actividades que se realizaban con él", señala González. Su grupo, el Resonar del Bucio, se dedica a hacer demostraciones, ofrecer charlas en colegios o centros de ancianos y, sobre todo, revivir tradiciones. "Hemos vuelto a festejar La noche de San Juan, en el municipio de San Juan de La Rambla, donde se tocaba el bucio para celebrar el nacimiento de Juan Bautista y festejar esta noche mágica", apunta el icodense.

 El año pasado, la noche de San Juan brilló. Por las laderas del municipio bajaron más de 500 personas haciendo sonar sus caracolas. Las antorchas iluminaban la noche y los bucios encantaban los oídos. "Esta tradición estaba totalmente perdida", señala el isleño. Y es que no ha sido fácil, pero sus iniciativas, poco a poco, va tomando forma. "Hemos participado en parrandas, festivales como la elección de la Reina de Garachico y también en la celebración de Las Tradiciones de Icod de Los Vinos", relata González de memoria. 

 Si por el icodense fuera, el bucio volvería a sonar por los barrancos, las fincas y los pueblos pero también dentro de los colegios. "Según una historia que me contaron, la caracola se usaba para que los niños que trabajaban en la tierra supieran que era la hora de ir al colegio, aunque algunos de sus padres no quisieran que dejaran la agricultura para ir a las aulas", revela el artesano. Su sueño sería regresar al pasado. "Me encantaría que en las escuelas canarias sonara el bucio y no un timbre", confiesa con entusiasmo. 

 El altavoz que todo lo sabía, el claxon que avisaba de cualquier asunto, el medio de comunicación que difundía noticias y rumores. El bucio formaba parte de la vida de los canarios. Desde los guanches, estas caracolas del Atlántico han servido para contar historias. Ahora interpretarán una más de la mano de Ricardo González: la de su propio resonar.

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