2 sep. 2011

Los antiguos adivinos de La Gomera

bioferalagomera.com
Miguan - Aguamuge - Eiunche. La figura de los antiguos adivinos arraigó en La Gomera como en pocas islas del Archipiélago. Las obras etnohistóricas apenas salvaron algunos de sus nombres o el ámbito de sus capacidades. Pero la toponimia insular, tanto en sus formas amazighes como españolas, proporciona todavía el mejor testimonio de la notoriedad social que alcanzaron.



El ingeniero italiano Leonardo Torriani (ca. 1559-1628) aporta, en su “Descrittione et historia del regno de l’insole Canarie gia dette le fortunate con il parere delle loro fortificationi”, la noticia más antigua que, de manera expresa, alude a uno de estos personajes y a su actividad: Hebbero etiandio huomini fatidici, iquali prediceuano ciò c’haueua à uenire, fra’quali si fa mentione d’uno nomato Eiunche [1590: 82 (cap. LIX)]. 

Hemos de esperar hasta 1737 para que el historiador grancanario Pedro Agustín del Castillo (1669-1741) cite, en su “Descripcion Historica, y Geografica de las Yslas de Canarias”, otros dos nombres;Y por que este hombre que llamaban Míguan era híjo de un adívíno su nombre Aguamuge, quíen le dió regla para saber lo que avía de suceder [ms. Fol. 44]. Hasta aquí llega la información historiográfica. Su valor, nada despreciable como constatación de un importante ingrediente sociocultural, acaso se aprecie mejor si extraemos los datos lingüísticos que suministran estos nombres. 

Las tres denominaciones pertenecen a la tradición que, en ausencia de una designación más precisa, hemos dado en calificar como septentrional, es decir, adscrita (poco más o menos) a los dialectos del Marruecos Central, el Rif y la Cabilia argelina. De Miguan (por Miggan) se destaca que ‘medita, piensa o reflexiona’. Aguamuge (por aw-Amuh) nos revela el carácter hereditario de esta ocupación, pues se dice de él que era ‘el hijo de el Murmurador (o el que salmodia)’. Pero es Eiunche quien parece haber gozado de mayor celebridad o prestigio. En efecto, el nombre Eiunche (por Ey-unziẓ) no sólo se ha construido sobre una raíz que cuenta entre sus acepciones con una específicamente dedicada a la “adivinación”. Además, sirvió de base para la composición de algunos orónimos tan relevantes, desde el punto de vista geográfico y cultural como el Alto o la Fortaleza de Garajonay. Su etimología remite en primer lugar a la ‘observación’ Mirar o ‘examinar’ atentamente una cosa, un asunto o un hecho se impone como providencia inicial antes de forjar un ‘racionamiento’.

Cuevas del Adivino
He aquí el camino que siguen la ‘inteligencia’ y la ‘justicia’, pero también el que se le atribuía a la ‘clarividencia’. Una familia semántica que dispone de algunos otros derivados entre los antropónimos de varias personalidades isleñas: en El Hierro, el jefe insular Ossinissa (por Ussinizza¹) o en Tenerife, el augur Guañameñe (por Wa-n-amenẓe). Pero Eiunche vive todavía. Subsiste en el topónimo Garagonoche (por Gar-g-Wunziẓ), pronto deformado hasta dar Garajonay, en su pariente menor Tagaragunche (por Tagar-g-Wunziz¹) o en Taguerguenche (por Tager-g-Wunziz¹). 

Ahora bién, hoy la investigación lingüística nos permite localizar a este personaje en otra referencia documental. En la “Historia de la Conquista de las Siete Yslas de Gran Canaria”, de la que es autor el supuesto franciscano Juan de Abreu Galindo (ca. 1590: I, 16), aparecen citados los nombres de cuatro jefes que se repartían el gobierno de la Isla hacia mediados del Siglo XV. Con leves diferencias gráficas, las dos versiones principales de su manuscrito colocan en la jefatura del bando de Orone a un individuo conocido por dos apelativos: Masegue eunche, según la primera copia (d. 1676: 21.), y Mazegue, e Unchipe;, según la reproducción que efectúa el coronel Amat de Tortosa (1787:16v.). Torriani [1590: 82 (cap. LIX)], en cambio, sólo refiere la segunda denominación: Unihepe. Mazegue (por Mazzeg) y Unche (por Unziz¹) nos devuelven a un ‘adivino o clarividente’ muy particular. El registro Unchipe (por Unziz-if¹) le concede cierto rango: ‘es el mejor o el superior’. Porque los oficios del poder carecían de fronteras precisas.


Autor: Ignacio Reyes García Publicado en la revista ESEKEN el 1-7-2002

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