22 dic. 2009

La puerta del invierno


En este artículo Josué Cabrera nos habla de una efeméride del antiguo calendario bereber; las Tawwurt n Tgrəst (= puerta o solsticio del invierno). Es una de las Cuatro Puertas del ciclo solar que viene marcada por las tres noches más largas del año, las de mayor apartamiento del Sol hacia el Sur en el horizonte. Normalmente, estos días coinciden con el 21, 22 y 23 de diciembre del calendario gregoriano.



Durante este período de tiempo, Magheq, el Sol, permanece como inmóvil en su desplazamiento horizontal, saliendo y ocultándose por los mismos puntos en su recorrido matutino y crepuscular. A partir de estas tres noches, Magg (el Sol de Invierno) comienza nuevamente a viajar hacia el Norte, los días empiezan a crecer y las noches menguan paulatinamente.

Para nuestros antepasados, el cielo marcaba las condiciones de vida en la Tierra. Las estaciones, las mareas, las lluvias, incluso el comportamiento vegetal y animal parecían seguir las directrices de las divinidades o astros. Este gran descubrimiento, surgido en los albores de la humanidad, sirvió a las sociedades primigenias como método de previsión de acontecimientos futuros, asegurando así la supervivencia de las mismas. Al igual que entre otras tribus arcaicas, el Solsticio de Invierno o Renacimiento del Sol fue una efeméride que desempeñó un papel de vital importancia en la organización social, agrícola y ganadera de nuestro pueblo, el amazighe insular. Los diferentes calendarios que poseían, adquirían cierta autonomía en función de la actividad que se pretendía controlar, si bien, en muchos casos, las mismas referencias astronómicas servían para marcar ciclos distintos. La Puerta del Invierno no sería una excepción, ya que la apertura de la misma suponía la llegada del frío intenso y las diversas enfermedades que le son asociadas. Éstas causarían, en muchos casos, bajas no sólo entre la población humana sino que también afectaría al ganado, especialmente el nuevo. La escasez de ciertos alimentos recolectados en verano, especialmente gramíneos y frutales, sería también un factor altamente condicionante de la supervivencia. No obstante, la puerta que dejaba escapar circunstancias adversas al abrirse, también permitía la entrada de dicha y prosperidad a través de las lluvias fertilizantes que potenciaban la germinación de los cereales y las legumbres, así como el crecimiento de abundantes pastos para alimentar al ganado.

Toda una serie de ritos y actos propiciatorios se llevaban acabo en estas fechas con la intención de atraer la buena fortuna y apartar la desgracia del pueblo y de la tierra. Una costumbre, originalmente celebrada con motivo del Solsticio de Invierno y festejada aún hoy entre las poblaciones amazighes del norte de África, es la de la noche de Yennayer. Una cena copiosa se sirve esa noche con motivo de alejar ritualmente, por medio de un acto de magia simpática, la escasez de alimentos hasta la próxima cosecha. 

Las características de los alimentos ingeridos serán las que rijan la calidad de los campos de cultivo durante su desarrollo hasta el momento de la recolección, evitando así, por ejemplo, la ingesta de alimentos amargos para prevenir una cosecha ‘amarga’ o mala e incentivando el uso de comidas que ganen volumen al hervirlas, de modo que favorezcan una siega voluminosa o abundante. En esta cena festiva participan también los invitados de honor que entran por esta Puerta del Año… los espíritus de los antepasados y los genios guardianes. Éstos tienen la misión de infundir fecundidad a la tierra en este período del año hasta el momento de la cosecha, por lo que se les recibe con gran gozo, renovando con ellos los pactos establecidos por generaciones, sirviéndoseles platos de comida en la mesa junto al resto de los comensales. Otras ofrendas alimenticias son también dispuestas junto a los tres teniques del hogar, junto al molino de piedra y junto al telar. Estos tres elementos esenciales del hogar amazighe se caracterizan por ser instrumentos que producen una transformación de la materia prima en otra más elaborada y a esas fuerzas de naturaleza iniciática que ponen en marcha el proceso de mutación, a esas que conectan el mundo visible con el invisible, les son rendidas ciertas ofrendas en momentos críticos de cambio como éste.


Otra costumbre bien repartida entre varias tribus amazighes del Continente es la del reemplazo de los tres teniques del hogar, en esta noche festiva, por otros tres teniques nuevos. Según Jean Servier, podría tratarse de un viejo rito que marcaría el momento en que el pueblo amazighe semi-nómada regresa de la trashumancia e inaugura su ciclo sedentario.
El brezo es una especie
vegetal de especial significación
en el animismo amazighe.

Así mismo, se encuentra extendida en buena parte de la Tamazgha la costumbre de barrer el hogar antes de la noche de Yennayer, no barriéndose más durante los primeros días subsiguientes. Éste es un acto que va más allá de la limpieza física de la casa, es un gesto ritual que pretende apartar mágicamente del seno familiar a las fuerzas fatídicas que se cuelan con la apertura de la Puerta del Invierno. Es una preparación para recibir una nueva etapa, un nuevo ciclo lleno de promesas de abundancia y prosperidad. Por esta misma razón, se evita seguir barriendo una vez creado este ambiente mágico, para no dispersar con la escoba de brezo la buena fortuna evocada. Con esta misma doble finalidad, protectora y limpiadora a la vez, se adornan también los hogares con ramas verdes de árboles de hoja perenne, como el brezo, la retama y el pino. Los augurios y presagios también forman parte importante de esta noche. 

Es costumbre extendida que la matriarca de la familia disponga en el tejado de la casa cuatro o doce recipientes de barro o bien tortas de masa de pan y que sobre cada uno de estos receptáculos deposite un montoncito de sal. Cada montoncito representará las próximas cuatro o doce lunaciones a partir de la luna nueva entrante. Al día siguiente, la matriarca vaticinará la humedad y la lluvia que habrá durante los meses siguientes en función de la disolución de los cristales de sal con el sereno de la noche. Con esta breve explicación de una de las muchas costumbres ancestrales de nuestro pueblo, tristemente olvidada con el transcurso del tiempo y la aculturación sufrida tras la colonización castellana, les deseo a todas y a todos… ¡Una feliz apertura de la Puerta de Invierno, un próspero nuevo ciclo entrante y que la llama de nuestra identidad amazighe, humana, terrenal y espiritual no se apague nunca o, en el mejor de los casos, que renazca con fuerza como renace Magheq, nuestro Sol, en este gran día!



Tihulawen ăggôtnen! (muchos saludos)


Autor: Josué Cabrera González (Estudiante de antropología)

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