29 jul 2026

¿El mestizaje define al pueblo canario?

Recreación con IA de la obra "El Adelantado y los guanches" de Manuel González Méndez que hoy preside el Parlamento de Canarias.

IẒURAN. El discurso oficial sostiene que el pueblo canario es mestizo, cosmopolita y tricontinental (América, Europa y África), mientras que, paradójicamente, lo define de forma exclusiva como «español» y «europeo» estando en África. Aunque a simple vista el concepto de «mestizaje» parece inclusivo y positivo, resulta llamativo que esta narrativa hegemónica apenas haya recibido críticas. 

Sin embargo, en otras latitudes, sociólogos, historiadores y movimientos sociales (indígenas, mestizos y afrodescendientes)  señalan ya «la trampa del mestizaje»: una ideología que, bajo una falsa integración, perpetúa en realidad «la inclusión de la exclusión». 

Desde IURAN, un espacio volcado en el estudio y divulgación de nuestra cultura originaria amazigh, teníamos pendiente margullar en este debate. Nos proponemos así el reto de analizar de forma concisa el concepto de «mestizaje», piedra angular sobre la que se ha construido durante siglos la narrativa oficial de la canariedad. 
"Aunque concepto «mestizaje» parece inclusivo y positivo, resulta llamativo que apenas haya recibido críticas".

 El relato oficial y la ideología 

El paradigma del mestizaje sostiene que el pueblo canario y su identidad cultural se han erigido a partir de influencias procedentes de tres continentes; África, mediante el sustrato indígena amazigh, Europa, a través de la conquista castellana; y América, fruto de los vínculos históricos de emigración y comercio. Esta singularidad se justifica bajo la premisa de que la sociedad canaria ha sido “cosmopolita” y “acogedora” desde hace siglos. De este modo, la narrativa hegemónica convierte el mestizaje en el rasgo definitorio y central de la canariedad. 

 “(…) el Archipiélago ha jugado un papel de puente comercial y también cultural. De hecho, Canarias fue una sociedad cosmopolita tiempo antes que esta condición se extendiera como valor entre las sociedades más avanzadas del mundo, una sociedad que siempre se ha caracterizado por el mestizaje”. 

 Gobierno de Canarias.org 


Desde finales del siglo pasado, el canarismo institucional liderado por Coalición Canaria incorporó el concepto de «atlanticidad», llegando a sostener que el océano Atlántico constituía el verdadero «continente» del pueblo canario.


“Somos un pueblo periférico con un potente mensaje identificador: somos un país atlántico. (…) La cultura canaria es una expresión atlántica e isleña. Cuando nos encontramos con las raíces culturales brotan inmediatamente el mar y el archipiélago como una pasión y una obsesión a la vez.” 

La Cultura Canaria. Coalición Canaria. Año 2000. 

Lorenzo Olarte, Juan Carlos Mauricio y Paulino Rivero en mitin de Coalición Canaria en 1996.

El objetivo de esta narrativa, al igual que en otras latitudes, fue unificar a la población bajo un relato común capaz de mitigar el conflicto interno y legitimar el poder de las élites locales, históricamente ligadas a la conquista. 

Sin embargo, este relato dista de ser unánime: no todos los pensadores e intelectuales isleños han considerado el mestizaje como el pilar fundamental de la identidad canaria. La canariedad moderna comenzó a forjarse desde los primeros siglos de la colonización, siendo abordada por autores como Antonio de Viana a comienzos del siglo XVII o Viera y Clavijo en el XVIII. Estas interpretaciones arrastraban un claro sesgo de clase y de raza. 

"No todos los intelectuales isleños han considerado el mestizaje como fundamental en la identidad canaria."

No debe extrañarnos, por tanto, que en la segunda mitad del siglo XVIII Viera hablara en primera persona del plural al referirse a los conquistadores y en tercera persona al aludir a los guanches, a quienes calificaba de «bárbaros». 

Ya en el siglo XIX, figuras como Juan Bethencourt Alfonso identificaron al conjunto del pueblo canario —y muy especialmente al campesinado— como descendiente directo de la población indígena, aunque desde una perspectiva españolista. Sin embargo, el emergente nacionalismo canario de finales del XIX y principios del XX, liderado por pensadores como Secundino Delgado Rodríguez, sí abrazó una ideología del mestizaje de clara influencia latinoamericana. 

“Las Islas Canarias abrigan una raza nueva podemos decir, resultado de la mezcla que produjo la invasión de aquella (…)” 

 Secundino Delgado, El Guanche n.º 2, año 1897. 


Durante el siglo XX, la dictadura franquista impuso una narrativa de mestizaje profundamente conservadora que, en buena medida, pervive en el discurso institucional actual. 

Para la intelectualidad del régimen, el mestizaje no implicaba una hibridación en igualdad, sino la asimilación y disolución de la etnicidad indígena inferior: el guanche aportaba «virtudes del carácter» como la nobleza o la valentía, pero era absorbido de forma «pacífica», rápida y natural por la sangre y la cultura castellanas. 

Bajo esta visión, el proceso no dio lugar a un pueblo mestizo singular, sino a simples «españoles insulares», negando la pervivencia del indígena vivo y de su herencia cultural. En su lugar, se ensalzó la figura del «guanche mítico y heroico»: un ancestro folclórico pero extinto. De este modo, el mestizaje funcionó como un relato de sustitución que dio paso definitivo al canario histórico. 

"La dictadura franquista impuso una narrativa del mestizaje que pervive en el discurso actual."
El arqueólogo catalán Luis Diego Cuscoy extrayendo restos humanos guanches frente a Guajara (Cañadas del Teide) en el año 1952.

La Canariedad terrero de lucha 

En la segunda mitad del siglo XX, con el fin de la dictadura, la transición democrática y la constitución de la autonomía de Canarias, se desencadenó un debate identitario trascendental. 

Por primera vez, la narrativa colonial fue impugnada por un indigenismo (también conocido como guanchismo) de cariz anti-colonial y africanista, impulsado principalmente por artistas, pensadores e intelectuales del movimiento independentista. Para este sector emergente pero precarizado —surgido de las bases populares y al margen de las élites—, la etnicidad guanche constituía el pilar fundamental de la identidad canaria, sin por ello negar la diversidad del Archipiélago. Esta postura no respondía a un romanticismo del momento: desde el siglo XIX hasta mediados del siglo XX, la evidencia científica señalaba la importante pervivencia biológica indígena en la sociedad contemporánea. 

Protesta ciudadana contra la celebración de la conquista de Gran Canaria el 29 de abril en la Plaza de Santa Ana en Las Palmas. Año 1984. Foto: Rafael Avero.

Sin embargo, articular el discurso indigenista resultaba una tarea compleja ante la falta de altavoces institucionales, siglos de asimilación hispana, la presión del Estado y un proceso de autonomización estrechamente ligado a la integración plena y forzada en la Unión Europea. 

Como respuesta, las élites locales y el poder estatal, respaldados por la izquierda tradicional en el país, impulsaron una versión renovada del mestizaje: una narrativa vertebrada por un europeísmo exacerbado pero aferrada a sus fundamentos hispanistas. En este ámbito, se llegó a posturas extremas que sostenían la total extinción de la población indígena, con el objetivo de deslegitimar cualquier sensibilidad o identificación del pueblo canario actual con sus antepasados africanos. 
"Se llegó a posturas extremas que sostenían la total extinción de la población indígena" 

 Problemas del discurso oficial del mestizaje 

Con todo, este relato oficial no solo presenta serias limitaciones, sino que oculta un trasfondo ideológico que no siempre resulta evidente, precisamente porque parte de una base real y constatada: la ligazón biológica entre personas africanas y europeas en los siglos posteriores a la conquista. 

Los problemas surgen cuando ignoramos el contexto e interpretamos los hechos: ¿se trató realmente de una mezcla armónica entre iguales? ¿Supuso una fusión cultural equitativa o existió una marcada jerarquización? ¿Quién construyó este discurso y desde qué posición de poder? Analicemos a continuación algunas de estas cuestiones. 

 1º La idealización de la conquista y colonización

Recreación con IA de la obra pictórica "Rendición de los menceyes a Alonso Fernández de Lugo" de Carlos Acosta. 

La realidad incómoda es que este relato neutraliza la violencia brutal de la conquista, la resistencia indígena, las masacres, la esclavitud, el despojo de tierras, la dominación y asimilación forzada de los isleños y otros africanos. 

Con esta narrativa acrítica, se convierte un proceso histórico traumático que exterminó físicamente a un número importante de la población y que es considerado un etnocidio -e incluso genocidio-, en una feliz síntesis donde los antagonismos y contradicciones no existen. 

Que exista mezcla no quiere decir que no fuera en muchos casos forzados como resultado de una apropiación de mujeres nativas como botín de guerra por parte de los conquistadores. 


Más recientemente, otros han observado que el mestizaje en su forma clásica tiene una dimensión de género importante, pues por lo general se trata de un hombre blanco –o más claro– que tiene relaciones sexuales con una mujer más indígena o negra. En la vida real la mezcla implica relaciones de género que muchas veces son relaciones de dominio y poder patriarcal. El hombre tiene la posibilidad de “mezclarse” sin poner en peligro su estatus social ni su vida doméstica; en cambio, la mujer que se “mezcla” en estas relaciones corre el riesgo de verse desprestigiada, de perder su “honor” y de tener el madresolterismo como única opción (Caulfield, 2003; Martinez-Alier, 1974; Smith, 1997; Williams, 1996). 

                                                                                        Peter Wade, año 2003 



 2º Racismo estructural y blanqueamiento social 

 La narrativa del mestizaje opera como un mecanismo de «blanqueamiento» sociocultural. Al definir la identidad canaria como esencialmente «mestiza», española y europea, la herencia guanche y africana queda relegada al pasado, encasillada en lo folclórico, lo mítico y lo extinto. Se impone así una matriz normativa, política y lingüística de corte europeo e hispánico, negando la existencia actual de los descendientes de poblaciones indígenas y africanas. 

Históricamente, el discurso del mestizaje no propone una integración equitativa, sino una asimilación forzada de los grupos sometidos por parte del grupo dominante. Su meta no era conservar el elemento originario, sino que la población nativa adoptara el idioma, la vestimenta y los usos occidentales para «progresar». 

"El discurso del mestizaje no propone una integración, sino una asimilación forzada de los grupos sometidos"

Pescador de Agaete años 50. Foto: Francisco Rojas Fariña 'Fachico'.

El componente europeo actuaba como el referente civilizador, mientras que lo guanche encarnaba la barbarie, la cueva y el atraso: un estadio a superar para «mejorar la raza». Este relato legitimó la dominación y la hegemonía cultural de los europeos llegados a las islas como un proceso natural, al tiempo que estigmatizaba a la población africana como un «otro» ajeno a nuestra identidad. No hay que olvidar que, tras la integración de Canarias en la Unión Europea, se consagra la libertad de circulación y asentamiento para los ciudadanos europeos, mientras se limita y restringe sistemáticamente la entrada y el asentamiento de poblaciones africanas. 

En América Latina, el mestizaje funcionó como mito fundacional de los nuevos Estados-nación, los cuales pretendían haber superado el sistema de castas colonial. Al proclamar que toda la sociedad estaba «mezclada», se visibilizó una falsa igualdad que negó el racismo y las desigualdades estructurales que continuaban sufriendo las personas con rasgos físicos o culturales indígenas y afrodescendientes. 

El pastor Salvador González Alayón con su hija María Romalda mamando de la teta de la cabra "Mariposa" en el sur de Tenerife en el año 1953.

En Canarias, el racismo hacia lo propio ha operado de forma análoga mediante el desprecio, la ridiculización y la negación de la huella indígena en el pueblo canario, tanto histórico como actual (estigmatización de los nombres guanches, negación de la autopercepción indígena, minusvaloración de los modos de vida, la tradición oral o la historia propia). 

Con todas sus variaciones, los académicos han visto la ideología del mestizaje como algo exclusivista y fundamentalmente racista. Stutzman lo definió en 1981 como “la ideología todo inclusiva de la exclusión”. Es decir, parece ser inclusivo –y las elites nacionalistas la representan como tal–, pero en realidad es exclusiva porque el mestizaje se entiende como un proceso mediante el cual se eliminan paulatinamente las poblaciones negras e indígenas, mientras se blanquea la población nacional (Stutzman, 1981). En su trabajo sobre los indígenas de Nicaragua, Gould refuerza esta visión, describiendo el etnocidio que se llevó a cabo con base en la ideología del mestizaje (Gould, 1998). 

                                                                                       Peter Wade, año 2003 


 3º Negación de la africanidad 

El discurso oficial politiza la geografía hasta el extremo de difuminar la ubicación objetiva del archipiélago en el noroeste de África. Para eludir esta realidad, la narrativa institucional recurre de forma frecuente a ideas como la «insularidad», la «atlanticidad» o el concepto de «tricontinentalidad». El sociólogo Roberto Gil señala que estas nociones cumplen la función de desafricanizar Canarias, de forma análoga a cómo el lema «todos somos mestizos» borra las desigualdades reales —de raza, género y colonialidad del poder— que persisten en la sociedad canaria. 


Aún en la actualidad, se promueve una desafricanización constante fundamentada en la condición de Canarias como Región Ultraperiférica (RUP) de la Unión Europea. Con ello se confunde deliberadamente el continente geográfico europeo con una entidad política supranacional, solapando geografía con geopolítica. Así, y a pesar de las evidencias, se insiste en etiquetas constantes como «el festival europeo de…», «la isla europea de…», «el único café de Europa» etc. 

"El discurso oficial politiza la geografía hasta el extremo de difuminar la ubicación objetiva del archipiélago en África".

 4º Vaciado y banalización de la canariedad 
 
Comparsa carnavalera junto a monumento franquista en Añazo (hoy Santa Cruz de Tenerife. Foto: Rafael Arocha.

El discurso oficial parte de una narrativa estática y cerrada del mestizaje que niega al pueblo canario la capacidad de agencia en la construcción de su propia identidad. Esta lógica clausura la posibilidad de abordar de forma crítica la herida colonial y las contradicciones que de ella se derivan. 

El mensaje implícito de este relato conservador y uniformador insta a «aceptar lo que somos» de manera acrítica, proyectando la identidad como algo concluido y homogéneo. Esto frena el reclamo de una canariedad construida desde un horizonte diverso, emancipador y descolonial. Para Roberto Gil, el mestizaje actúa así como un «ficción social» que disuelve los traumas de la conquista, visibiliza una falsa igualdad y oculta la dominación hegemónica, impidiendo a la sociedad canaria cuestionar sus estructuras de dependencia actuales. 

Bajo este prisma hegemónico, la canariedad queda reducida a un vacío identitario: si «todo es fruto de la mezcla y proviene de fuera», la identidad consistiría en «no tener identidad». Esta supuesta condición «cosmopolita» sirve de coartada para justificar la renuncia a la herencia originaria —tildada de «local, cerrada e inferior»— en favor de una identidad hispánica y europea catalogada de «abierta, universal y superior». 

"La canariedad queda en un vacío: si «todo es fruto de la mezcla y proviene de fuera» la identidad consistiría en «no tener identidad»"

Conclusiones 

 En Canarias existió, sin duda, una mezcla biológica y cultural entre poblaciones africanas y europeas. Sin embargo, el intercambio entre pueblos y su uso discursivo no constituyen una excepcionalidad canaria, sino un hecho recurrente en múltiples sociedades humanas. La cuestión de fondo estriba en preguntarnos: ¿por qué en unas sociedades se enfatiza este concepto como eje vertebrador de la identidad y en otras no? 

La crítica a la narrativa oficial del mestizaje en Canarias no niega la mezcla cultural; señala cómo esa mezcla se instrumentaliza como una máscara política para ocultar la violencia colonial, el racismo estructural y forzar una asimilación que perpetúa viejas jerarquías. Esta crítica no es a quienes se sienten europeos e hispanos, sino la reivindicación de nuestro derecho a existir y que se reconozca a los que seguimos vinculados a la población originaria. 

"Esta crítica no es a quienes se sienten europeos e hispanos, sino la reivindicación de nuestro derecho a existir" 

En los años ochenta, el intelectual amazig argelino Mouloud Mammeri —de profunda influencia en la articulación del amazigismo internacional y en el pensamiento de teóricos como Antonio Cubillo— definió el caso canario dentro del ámbito bereber como un passage à la limite: una situación excepcional respecto a los pueblos del continente al haber sufrido una colonización y asimilación intensas que derivaron en la pérdida de la lengua. Las dimensiones insulares y siglos de hegemonía cultural han invisibilizado en gran medida el componente originario. Por ello, a pesar de la emergencia del indigenismo a partir de los años setenta en el seno de una sociedad hispanizada, la consolidación de un relato que impugne con éxito la ideología oficial del mestizaje sigue enfrentando importantes barreras. 

Con todo, y a pesar de los procesos de mezcla, una parte sustancial de la población canaria actual es descendiente directa de la población originaria, lo que ha permitido la conservación de elementos culturales vivos hasta nuestros días. La pregunta que nos planteamos es: los descendientes conscientes de ese legado que nos identificamos como tales, ¿debemos resignarnos a renunciar a lo que somos bajo el rasero uniformador del mestizaje? 

Desiré Reverón Fuentes, joven alfarera de Taborno, Anaga (Tenerife). Foto: Goyo Reverón.


REFERENCIAS 


Canarias, nacionalidad atlántica. La Cultura Canaria. Coalición Canaria. 1º Congreso Autonómico Progreso e Identidad Canaria. Coord. Asociación Orden del Cachorro Canario. 
 
-Aleman, M. (1980). Psicología del Hombre Canario

-Cunin, E. (2002). La Competencia mestiza. Chicago bajo el trópico o las virtudes heurísticas del mestizaje. Revista Colombiana de Antropología. 

-Delgado, S. (1897). El ideal. Revista El Guanche.

-Farrujia, J. (2007). Arqueología y franquismo en Canarias.

-Gil, R. (2023). La parte por el todo. El mestizaje como ficción racista en la definición de la etnicidad canaria


-Perez, L. (2023). “Hay que ser risquera”. Reflexiones en torno a la canariedad

-Wade, P. (2003). Repensando el mestizaje. Revista colombiana de antropología.

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