29 jul 2026

¿El mestizaje define al pueblo canario?

Recreación con IA de la obra "El Adelantado y los guanches" de Manuel González Méndez que hoy preside el Parlamento de Canarias.

IẒURAN. El discurso oficial sostiene que el pueblo canario es mestizo, cosmopolita y tricontinental (América, Europa y África), mientras que, paradójicamente, lo define de forma exclusiva como «español» y «europeo» estando en África. Aunque a simple vista el concepto de «mestizaje» parece inclusivo y positivo, resulta llamativo que esta narrativa hegemónica apenas haya recibido críticas. 

Sin embargo, en otras latitudes, sociólogos, historiadores y movimientos sociales (indígenas, mestizos y afrodescendientes)  señalan ya «la trampa del mestizaje»: una ideología que, bajo una falsa integración, perpetúa en realidad «la inclusión de la exclusión». 

Desde IURAN, un espacio volcado en el estudio y divulgación de nuestra cultura originaria amazigh, teníamos pendiente margullar en este debate. Nos proponemos así el reto de analizar de forma concisa el concepto de «mestizaje», piedra angular sobre la que se ha construido durante siglos la narrativa oficial de la canariedad. 
"Aunque concepto «mestizaje» parece inclusivo y positivo, resulta llamativo que apenas haya recibido críticas".

 El relato oficial y la ideología 

El paradigma del mestizaje sostiene que el pueblo canario y su identidad cultural se han erigido a partir de influencias procedentes de tres continentes; África, mediante el sustrato indígena amazigh, Europa, a través de la conquista castellana; y América, fruto de los vínculos históricos de emigración y comercio. Esta singularidad se justifica bajo la premisa de que la sociedad canaria ha sido “cosmopolita” y “acogedora” desde hace siglos. De este modo, la narrativa hegemónica convierte el mestizaje en el rasgo definitorio y central de la canariedad. 

 “(…) el Archipiélago ha jugado un papel de puente comercial y también cultural. De hecho, Canarias fue una sociedad cosmopolita tiempo antes que esta condición se extendiera como valor entre las sociedades más avanzadas del mundo, una sociedad que siempre se ha caracterizado por el mestizaje”. 

 Gobierno de Canarias.org 


Desde finales del siglo pasado, el canarismo institucional liderado por Coalición Canaria incorporó el concepto de «atlanticidad», llegando a sostener que el océano Atlántico constituía el verdadero «continente» del pueblo canario.


“Somos un pueblo periférico con un potente mensaje identificador: somos un país atlántico. (…) La cultura canaria es una expresión atlántica e isleña. Cuando nos encontramos con las raíces culturales brotan inmediatamente el mar y el archipiélago como una pasión y una obsesión a la vez.” 

La Cultura Canaria. Coalición Canaria. Año 2000. 

Lorenzo Olarte, Juan Carlos Mauricio y Paulino Rivero en mitin de Coalición Canaria en 1996.

El objetivo de esta narrativa, al igual que en otras latitudes, fue unificar a la población bajo un relato común capaz de mitigar el conflicto interno y legitimar el poder de las élites locales, históricamente ligadas a la conquista. 

Sin embargo, este relato dista de ser unánime: no todos los pensadores e intelectuales isleños han considerado el mestizaje como el pilar fundamental de la identidad canaria. La canariedad moderna comenzó a forjarse desde los primeros siglos de la colonización, siendo abordada por autores como Antonio de Viana a comienzos del siglo XVII o Viera y Clavijo en el XVIII. Estas interpretaciones arrastraban un claro sesgo de clase y de raza. 

"No todos los intelectuales isleños han considerado el mestizaje como fundamental en la identidad canaria."

No debe extrañarnos, por tanto, que en la segunda mitad del siglo XVIII Viera hablara en primera persona del plural al referirse a los conquistadores y en tercera persona al aludir a los guanches, a quienes calificaba de «bárbaros». 

Ya en el siglo XIX, figuras como Juan Bethencourt Alfonso identificaron al conjunto del pueblo canario —y muy especialmente al campesinado— como descendiente directo de la población indígena, aunque desde una perspectiva españolista. Sin embargo, el emergente nacionalismo canario de finales del XIX y principios del XX, liderado por pensadores como Secundino Delgado Rodríguez, sí abrazó una ideología del mestizaje de clara influencia latinoamericana. 

“Las Islas Canarias abrigan una raza nueva podemos decir, resultado de la mezcla que produjo la invasión de aquella (…)” 

 Secundino Delgado, El Guanche n.º 2, año 1897. 


Durante el siglo XX, la dictadura franquista impuso una narrativa de mestizaje profundamente conservadora que, en buena medida, pervive en el discurso institucional actual. 

Para la intelectualidad del régimen, el mestizaje no implicaba una hibridación en igualdad, sino la asimilación y disolución de la etnicidad indígena inferior: el guanche aportaba «virtudes del carácter» como la nobleza o la valentía, pero era absorbido de forma «pacífica», rápida y natural por la sangre y la cultura castellanas. 

Bajo esta visión, el proceso no dio lugar a un pueblo mestizo singular, sino a simples «españoles insulares», negando la pervivencia del indígena vivo y de su herencia cultural. En su lugar, se ensalzó la figura del «guanche mítico y heroico»: un ancestro folclórico pero extinto. De este modo, el mestizaje funcionó como un relato de sustitución que dio paso definitivo al canario histórico. 

"La dictadura franquista impuso una narrativa del mestizaje que pervive en el discurso actual."
El arqueólogo catalán Luis Diego Cuscoy extrayendo restos humanos guanches frente a Guajara (Cañadas del Teide) en el año 1952.

La Canariedad terrero de lucha 

En la segunda mitad del siglo XX, con el fin de la dictadura, la transición democrática y la constitución de la autonomía de Canarias, se desencadenó un debate identitario trascendental. 

Por primera vez, la narrativa colonial fue impugnada por un indigenismo (también conocido como guanchismo) de cariz anti-colonial y africanista, impulsado principalmente por artistas, pensadores e intelectuales del movimiento independentista. Para este sector emergente pero precarizado —surgido de las bases populares y al margen de las élites—, la etnicidad guanche constituía el pilar fundamental de la identidad canaria, sin por ello negar la diversidad del Archipiélago. Esta postura no respondía a un romanticismo del momento: desde el siglo XIX hasta mediados del siglo XX, la evidencia científica señalaba la importante pervivencia biológica indígena en la sociedad contemporánea. 

Protesta ciudadana contra la celebración de la conquista de Gran Canaria el 29 de abril en la Plaza de Santa Ana en Las Palmas. Año 1984. Foto: Rafael Avero.

Sin embargo, articular el discurso indigenista resultaba una tarea compleja ante la falta de altavoces institucionales, siglos de asimilación hispana, la presión del Estado y un proceso de autonomización estrechamente ligado a la integración plena y forzada en la Unión Europea. 

Como respuesta, las élites locales y el poder estatal, respaldados por la izquierda tradicional en el país, impulsaron una versión renovada del mestizaje: una narrativa vertebrada por un europeísmo exacerbado pero aferrada a sus fundamentos hispanistas. En este ámbito, se llegó a posturas extremas que sostenían la total extinción de la población indígena, con el objetivo de deslegitimar cualquier sensibilidad o identificación del pueblo canario actual con sus antepasados africanos. 
"Se llegó a posturas extremas que sostenían la total extinción de la población indígena" 

 Problemas del discurso oficial del mestizaje 

Con todo, este relato oficial no solo presenta serias limitaciones, sino que oculta un trasfondo ideológico que no siempre resulta evidente, precisamente porque parte de una base real y constatada: la ligazón biológica entre personas africanas y europeas en los siglos posteriores a la conquista. 

Los problemas surgen cuando ignoramos el contexto e interpretamos los hechos: ¿se trató realmente de una mezcla armónica entre iguales? ¿Supuso una fusión cultural equitativa o existió una marcada jerarquización? ¿Quién construyó este discurso y desde qué posición de poder? Analicemos a continuación algunas de estas cuestiones. 

 1º La idealización de la conquista y colonización

Recreación con IA de la obra pictórica "Rendición de los menceyes a Alonso Fernández de Lugo" de Carlos Acosta. 

La realidad incómoda es que este relato neutraliza la violencia brutal de la conquista, la resistencia indígena, las masacres, la esclavitud, el despojo de tierras, la dominación y asimilación forzada de los isleños y otros africanos. 

Con esta narrativa acrítica, se convierte un proceso histórico traumático que exterminó físicamente a un número importante de la población y que es considerado un etnocidio -e incluso genocidio-, en una feliz síntesis donde los antagonismos y contradicciones no existen. 

Que exista mezcla no quiere decir que no fuera en muchos casos forzados como resultado de una apropiación de mujeres nativas como botín de guerra por parte de los conquistadores. 


Más recientemente, otros han observado que el mestizaje en su forma clásica tiene una dimensión de género importante, pues por lo general se trata de un hombre blanco –o más claro– que tiene relaciones sexuales con una mujer más indígena o negra. En la vida real la mezcla implica relaciones de género que muchas veces son relaciones de dominio y poder patriarcal. El hombre tiene la posibilidad de “mezclarse” sin poner en peligro su estatus social ni su vida doméstica; en cambio, la mujer que se “mezcla” en estas relaciones corre el riesgo de verse desprestigiada, de perder su “honor” y de tener el madresolterismo como única opción (Caulfield, 2003; Martinez-Alier, 1974; Smith, 1997; Williams, 1996). 

                                                                                        Peter Wade, año 2003 



 2º Racismo estructural y blanqueamiento social 

 La narrativa del mestizaje opera como un mecanismo de «blanqueamiento» sociocultural. Al definir la identidad canaria como esencialmente «mestiza», española y europea, la herencia guanche y africana queda relegada al pasado, encasillada en lo folclórico, lo mítico y lo extinto. Se impone así una matriz normativa, política y lingüística de corte europeo e hispánico, negando la existencia actual de los descendientes de poblaciones indígenas y africanas. 

Históricamente, el discurso del mestizaje no propone una integración equitativa, sino una asimilación forzada de los grupos sometidos por parte del grupo dominante. Su meta no era conservar el elemento originario, sino que la población nativa adoptara el idioma, la vestimenta y los usos occidentales para «progresar». 

"El discurso del mestizaje no propone una integración, sino una asimilación forzada de los grupos sometidos"

Pescador de Agaete años 50. Foto: Francisco Rojas Fariña 'Fachico'.

El componente europeo actuaba como el referente civilizador, mientras que lo guanche encarnaba la barbarie, la cueva y el atraso: un estadio a superar para «mejorar la raza». Este relato legitimó la dominación y la hegemonía cultural de los europeos llegados a las islas como un proceso natural, al tiempo que estigmatizaba a la población africana como un «otro» ajeno a nuestra identidad. No hay que olvidar que, tras la integración de Canarias en la Unión Europea, se consagra la libertad de circulación y asentamiento para los ciudadanos europeos, mientras se limita y restringe sistemáticamente la entrada y el asentamiento de poblaciones africanas. 

En América Latina, el mestizaje funcionó como mito fundacional de los nuevos Estados-nación, los cuales pretendían haber superado el sistema de castas colonial. Al proclamar que toda la sociedad estaba «mezclada», se visibilizó una falsa igualdad que negó el racismo y las desigualdades estructurales que continuaban sufriendo las personas con rasgos físicos o culturales indígenas y afrodescendientes. 

El pastor Salvador González Alayón con su hija María Romalda mamando de la teta de la cabra "Mariposa" en el sur de Tenerife en el año 1953.

En Canarias, el racismo hacia lo propio ha operado de forma análoga mediante el desprecio, la ridiculización y la negación de la huella indígena en el pueblo canario, tanto histórico como actual (estigmatización de los nombres guanches, negación de la autopercepción indígena, minusvaloración de los modos de vida, la tradición oral o la historia propia). 

Con todas sus variaciones, los académicos han visto la ideología del mestizaje como algo exclusivista y fundamentalmente racista. Stutzman lo definió en 1981 como “la ideología todo inclusiva de la exclusión”. Es decir, parece ser inclusivo –y las elites nacionalistas la representan como tal–, pero en realidad es exclusiva porque el mestizaje se entiende como un proceso mediante el cual se eliminan paulatinamente las poblaciones negras e indígenas, mientras se blanquea la población nacional (Stutzman, 1981). En su trabajo sobre los indígenas de Nicaragua, Gould refuerza esta visión, describiendo el etnocidio que se llevó a cabo con base en la ideología del mestizaje (Gould, 1998). 

                                                                                       Peter Wade, año 2003 


 3º Negación de la africanidad 

El discurso oficial politiza la geografía hasta el extremo de difuminar la ubicación objetiva del archipiélago en el noroeste de África. Para eludir esta realidad, la narrativa institucional recurre de forma frecuente a ideas como la «insularidad», la «atlanticidad» o el concepto de «tricontinentalidad». El sociólogo Roberto Gil señala que estas nociones cumplen la función de desafricanizar Canarias, de forma análoga a cómo el lema «todos somos mestizos» borra las desigualdades reales —de raza, género y colonialidad del poder— que persisten en la sociedad canaria. 


Aún en la actualidad, se promueve una desafricanización constante fundamentada en la condición de Canarias como Región Ultraperiférica (RUP) de la Unión Europea. Con ello se confunde deliberadamente el continente geográfico europeo con una entidad política supranacional, solapando geografía con geopolítica. Así, y a pesar de las evidencias, se insiste en etiquetas constantes como «el festival europeo de…», «la isla europea de…», «el único café de Europa» etc. 

"El discurso oficial politiza la geografía hasta el extremo de difuminar la ubicación objetiva del archipiélago en África".

 4º Vaciado y banalización de la canariedad 
 
Comparsa carnavalera junto a monumento franquista en Añazo (hoy Santa Cruz de Tenerife. Foto: Rafael Arocha.

El discurso oficial parte de una narrativa estática y cerrada del mestizaje que niega al pueblo canario la capacidad de agencia en la construcción de su propia identidad. Esta lógica clausura la posibilidad de abordar de forma crítica la herida colonial y las contradicciones que de ella se derivan. 

El mensaje implícito de este relato conservador y uniformador insta a «aceptar lo que somos» de manera acrítica, proyectando la identidad como algo concluido y homogéneo. Esto frena el reclamo de una canariedad construida desde un horizonte diverso, emancipador y descolonial. Para Roberto Gil, el mestizaje actúa así como un «ficción social» que disuelve los traumas de la conquista, visibiliza una falsa igualdad y oculta la dominación hegemónica, impidiendo a la sociedad canaria cuestionar sus estructuras de dependencia actuales. 

Bajo este prisma hegemónico, la canariedad queda reducida a un vacío identitario: si «todo es fruto de la mezcla y proviene de fuera», la identidad consistiría en «no tener identidad». Esta supuesta condición «cosmopolita» sirve de coartada para justificar la renuncia a la herencia originaria —tildada de «local, cerrada e inferior»— en favor de una identidad hispánica y europea catalogada de «abierta, universal y superior». 

"La canariedad queda en un vacío: si «todo es fruto de la mezcla y proviene de fuera» la identidad consistiría en «no tener identidad»"

Conclusiones 

 En Canarias existió, sin duda, una mezcla biológica y cultural entre poblaciones africanas y europeas. Sin embargo, el intercambio entre pueblos y su uso discursivo no constituyen una excepcionalidad canaria, sino un hecho recurrente en múltiples sociedades humanas. La cuestión de fondo estriba en preguntarnos: ¿por qué en unas sociedades se enfatiza este concepto como eje vertebrador de la identidad y en otras no? 

La crítica a la narrativa oficial del mestizaje en Canarias no niega la mezcla cultural; señala cómo esa mezcla se instrumentaliza como una máscara política para ocultar la violencia colonial, el racismo estructural y forzar una asimilación que perpetúa viejas jerarquías. Esta crítica no es a quienes se sienten europeos e hispanos, sino la reivindicación de nuestro derecho a existir y que se reconozca a los que seguimos vinculados a la población originaria. 

"Esta crítica no es a quienes se sienten europeos e hispanos, sino la reivindicación de nuestro derecho a existir" 

En los años ochenta, el intelectual amazig argelino Mouloud Mammeri —de profunda influencia en la articulación del amazigismo internacional y en el pensamiento de teóricos como Antonio Cubillo— definió el caso canario dentro del ámbito bereber como un passage à la limite: una situación excepcional respecto a los pueblos del continente al haber sufrido una colonización y asimilación intensas que derivaron en la pérdida de la lengua. Las dimensiones insulares y siglos de hegemonía cultural han invisibilizado en gran medida el componente originario. Por ello, a pesar de la emergencia del indigenismo a partir de los años setenta en el seno de una sociedad hispanizada, la consolidación de un relato que impugne con éxito la ideología oficial del mestizaje sigue enfrentando importantes barreras. 

Con todo, y a pesar de los procesos de mezcla, una parte sustancial de la población canaria actual es descendiente directa de la población originaria, lo que ha permitido la conservación de elementos culturales vivos hasta nuestros días. La pregunta que nos planteamos es: los descendientes conscientes de ese legado que nos identificamos como tales, ¿debemos resignarnos a renunciar a lo que somos bajo el rasero uniformador del mestizaje? 

Desiré Reverón Fuentes, joven alfarera de Taborno, Anaga (Tenerife). Foto: Goyo Reverón.


REFERENCIAS 


Canarias, nacionalidad atlántica. La Cultura Canaria. Coalición Canaria. 1º Congreso Autonómico Progreso e Identidad Canaria. Coord. Asociación Orden del Cachorro Canario. 
 
-Aleman, M. (1980). Psicología del Hombre Canario

-Cunin, E. (2002). La Competencia mestiza. Chicago bajo el trópico o las virtudes heurísticas del mestizaje. Revista Colombiana de Antropología. 

-Delgado, S. (1897). El ideal. Revista El Guanche.

-Farrujia, J. (2007). Arqueología y franquismo en Canarias.

-Gil, R. (2023). La parte por el todo. El mestizaje como ficción racista en la definición de la etnicidad canaria


-Perez, L. (2023). “Hay que ser risquera”. Reflexiones en torno a la canariedad

-Wade, P. (2003). Repensando el mestizaje. Revista colombiana de antropología.

11 jul 2026

¿Gáldar o Agáldar? ¿qué significa?

Agaldar en los tiempos precoloniales de los canarios. Cardona Sosa.

Rumén Sosa. En los últimos años, la prensa local nos ha brindado una serie de artículos que abordan el origen e interpretación del topónimo Gáldar caraterizados por su superficialidad e interés por llamar la atención más que por aportar una compresión histórica y lingüística rigurosa. Si bien el asunto es complejo, no es de recibo que se hayan vertido incluso bulos como el que analizamos ya en este artículo. A continuación, analizaremos qué se sabe y qué no conocemos sobre el nombre de la ciudad de los guanartemes.

Introducción histórica

La ciudad de Gáldar ⴳⴰⵍⴷⴰⵔ (denominada antiguamente también Agáldar o Aregáldar) pudo haber sido fundada por los antiguos canarios —los amaziges de Gran Canaria— en torno a los siglos VI y VII, según señalan las dataciones de carbono 14, paleomagnetismo y termoluminiscencia. Estos mismos análisis evidencian una segunda etapa a partir del siglo XI, caracterizada por un notable crecimiento poblacional que pudo coincidir con el establecimiento definitivo de la urbe como capital insular.  Según la tradición, la isla fue unificada por Attidamana y Gumidafe, quienes establecieron su corte en este territorio. Siglos más tarde, a la llegada de los europeos, Gran Canaria se encontraba dividida en dos grandes guanartematos o reinos: Telde y Agáldar

 Tras la conquista castellana, el asentamiento siguió poblado, tal como demuestra la superposición de estructuras coloniales sobre las viviendas canarias, así como el hallazgo de restos materiales indígenas junto a manufacturas importadas de Sevilla, Valencia y Portugal durante los siglos XV y XVI. Los conquistadores la bautizarían como Villa de Santiago de Gáldar, convirtiéndola en uno de los tres núcleos más importantes de la isla (llegando a ser cabeza de partido o distrito). La fertilidad de su vega atrajo a contingentes de colonos europeos que se mezclaron con la población autóctona que sobrevivió al proceso bélico. Durante siglos la ciudad conservó la fama de haber sido el gran epicentro de los antiguos canarios, manteniendo vivos linajes de la nobleza indígena bien documentados por la genealogía. 

"Durante siglos Gáldar conservó la fama de de los antiguos canarios, manteniendo vivos linajes de la nobleza indígena bien documentados por la genealogía." 

Detalle del dibujo "Vista general de Gáldar" de J.J. Williams en 1836 (siglo XIX)

"La villa de Gáldar, açiento y morada de los Reyes Guadartemes de aquella ysla; es un lugar que las más de las habitaciones son debajo de la tierra, en cuevas naturales y artificales; ay muchas casas labradas de lo antiguo, pero con el largo tiempo an ydo en disminuçión, y aunque los dueños las pueden fabricar, como las cuevas son casas de aquellos nobles antiguos naturales tienen por blazón la conservación dellas; es un lugar muy sano y fresco y de muchas aguas, y habitado por gente noble, de aquellos canarios antiguos nobles descendientes de los Reyes, adonde después de conquistadas se quedaron a vivir muchos Canarios y han quedado en él sus linages decendientes, preciándose como es justo de la nobleza."

López de Ulloa, (2008 [1646]: 321)


Actualmente, Gáldar constituye una ciudad y un municipio de indiscutible importancia histórica en el noroeste de Gran Canaria. Sus yacimientos arqueológicos —como la Cueva Pintada, La Guancha, El Agujero o las Cuevas del Hospital— y sus restos materiales evidencian el elevado grado de desarrollo sociocultural de una civilización prácticamente autárquica como la amazigh canaria. 

En los últimos años, Gáldar se ha consolidado probablemente como el municipio de Canarias que más firmemente ha apostado por la puesta en valor de su legado arqueológico y su huella indígena. Este orgullo identitario se respira en sus calles, rotuladas con nombres amaziges, así como en sus monumentos dedicados a personajes históricos canarios y su rica simbología. 

Estatua de Artemi Semidán en la entrada a la ciudad de Gáldar, junio 2026.
Foto: Ayuntamiento de Gáldar.

 El nombre ¿Gáldar o Agáldar? 



El de Gáldar es uno de los primeros topónimos documentados de la isla asociados a sus principales poblaciones, lo que deja en evidencia su origen nativo, algo que también confirma su propia morfología lingüística. A continuación, se recogen algunas de sus primeras menciones escritas: 

Topónimo

Autor y año

Gáldar

Gómez Escudero (1484)

Galdar

Cedeño (1490)

Aregaldar

Bernáldez (1495)

Agaldar

RGC (1543)

Galdar

Abreu Galindo (1590)


 Desde la perspectiva de la morfología amazigh, que el nombre comience por A- o prescinda de ella carece de importancia, por lo que ambas fórmulas (Gáldar y Agáldar) se consideran correctas, si bien Agáldar representa la variante más próxima a la norma del amazigh general. Por su parte, la variación Aregáldar, aportada por el cronista Andrés Bernáldez, se explica por la adición del término ar-, cuyo significado es "lugar", dando como resultado "El lugar de Gáldar". Esta estructura es sumamente habitual en la toponimia indígena de las islas, como se observa en nombres tan emblemáticos como Arguineguín, Arbani, Arinaga, Argodey, Araguerode o Aragando. 

"Gáldar y Agáldar se consideran correctas, si bien Agáldar representa la variante más próxima a la norma amazigh general"

 Investigaciones sobre posible significado

Determinar su etimología exacta no resulta sencillo, ya que los cronistas coloniales no aportaron su traducción en ningún documento, aunque resulta evidente que se trata de un sustantivo masculino, singular y, con alta probabilidad, compuesto. 

Georges Marcy vinculó Agáldar con el sustantivo panamazigh agellid  ⴰⴳⵍⵍⵉⴷ (pronunciado aguel-líd, que significa "rey"), partiendo de la inusual variante Aregaldan. Marcy la interpretó como "lugar o ciudad de los reyes", relacionando la forma egaldan con el plural igeldan en estado de anexión. La propuesta de Marcy parece inverosímil si tenemos en cuenta que Aregaldan es una variante sumamente rara, siendo absolutamente mayoritaria en las fuentes la transcripción de la raíz GLDR ⴳⵍⴷⵔ. Esta hipótesis ya fue criticada en su día por Juan Álvarez Delgado, quien argumentaba que la voz agellid no estaba documentada en Canarias para denominar a los monarcas, utilizándose en su lugar artemis y guanartemes. Sin embargo, hoy sabemos que ambas denominaciones derivan de un jefe histórico concreto llamado Artemi, cuyo nombre pudo haber bautizado a un linaje más que al cargo de "rey" en sí mismo. Esto nos lleva a preguntarnos ¿cómo se denominaban estos líderes insulares o regionales antes de la existencia de Artemi? 

 Por su parte, Dominik Wölfel no encontró un paralelo claro en amazige, apuntando a la posible vinculación con el sustantivo agadir que significa ‘muro, fortaleza’. La propuesta de Wölfel puede tener sentido pero peca de lo mismo que la de Marcy; no coincidir con la raíz GLDR. Además esta hipótesis plantea el problema de que agadir es una voz amazige de origen fenicio. 

 Para Álvarez Delgado, Agaldar significa “trasmontaña” o “en torno a la montaña” y se explica a partir de agal ‘entorno’, ‘encierro’ (verbo eggli) o del verbo gelellet ‘rodear’, ‘ir en torno’ y dar (addar) ‘montaña’. Por último, Reyes García lo relaciona lo relaciona con el verbo glu ⴶⵏⵏⵓ ‘sobrepasar, tener gran evergadura’ y el sustantivo eder ⴷⵔ  ‘fondo, fundamento, parte baja y por extensión pie de montaña o lecho de un valle’, por lo que lo trascribe y traduce como (ă)gal-dar “vega extensa, grande (o mayor)”.

Montaña de Gáldar desde Gáldar en 1890. Colección José A. Pérez. Fedac.

Etimologías propuestas para Agaldar

Amazige

Castellano

Autor y año

Aregaldan (Ar-igeldan)

“Lugar (o ciudad) de los reyes”

Georges Marcy (1935)

Agadir

“Muro, fortaleza”

Dominik Wölfel (1965)

Agal-dar

“Trasmontaña, en torno a la montaña”

Álvarez Delgado (1982)

(ă)gal-dar

“vega extensa, grande (o mayor)”

Reyes García (2011)


Vega de Gáldar. Foto: Julián Hernández Gil. Años 1965-1970. Fedac.
"Las propuestas etimológicas de Álvarez Delgado y Reyes García parecen de mayor solidez"

Así, las propuestas etimológicas de Álvarez Delgado y Reyes García, aunque difieren entre sí, parecen gozar de mayor solidez que las anteriores. Como suele ocurrir con gran parte de la toponimia amazige de las islas, no podemos asegurar que la traducción e interpretación del término esté totalmente resuelta. No se debe perder de vista que la toponimia puede resultar, en ocasiones, incomprensible incluso para los hablantes de su propia lengua, ya sea por su antigüedad o por su deformación con el paso del tiempo. Este problema se agrava en el archipiélago debido a que el antiguo canario dejó de hablarse y aún no se conoce en profundidad. Con todo, la lingüística comparada con las variedades amaziges modernas del continente nos permite formular hipótesis valiosas que, tal vez en un futuro, sirvan para contrastar y consolidar estas traducciones a la luz de nuevas informaciones documentales. 

Por nuestra parte, nos limitaremos a sugerir que el vocablo (a)ddar ‘risco, montaña, cresta montañosa’ parece estar integrado en el topónimo. Este término está bien documentado en la antigua lengua canaria a través de antropónimos como Adargoma ("espaldas de risco"), así como en variedades amaziges continentales como el tachelhit y el tuareg. En nuestra opinión, este dato resulta clave, puesto que el poblado original se erigió precisamente al pie de la Montaña de Gáldar (o de la Atalaya), un hito geográfico y paisajístico indiscutible de la comarca, visible tanto desde el norte como desde el noroeste de la isla. 

 
REFERENCIAS 

  • Álvarez Delgado, J. (1982). Instituciones indígenas de Gran Canaria. Anuario de Estudios Atlánticos. n.º 28 
  • Marcy, G. (1935). Notes linguistiques autour du périple d'Hannon. Hespéris XX, págs. 21-72 
  •  Onrubia Pintado, J. (2003) La isla de los guanartemes. 
  • Reyes García, I (2011). Diccionario ínsuloamaziq. 
  • Reyes García, I (2009). Gáldar. 
  • Sáenz Sagasti, I. (2025). La conservación y documentación en el Parque Arqueológico Cueva Pintada. 
  • Wölfel, D. Monumenta linguae canariae. (Monumentos de la lengua aborigen canaria).

22 mar 2026

Descubierto el santuario perdido de Umiaya

Monumento natural de los Riscos de Tirajana. Foto: Atlas Rural de Gran Canaria.

IURAN. Perdido en la memoria histórica, Umiaya habría sido el gran santuario de montaña de los antiguos canarios, hasta el punto de que su propia existencia ha llegado a ser cuestionada. La célebre Guía de Patrimonio Arqueológico de Gran Canaria, publicada en 2005, sintetizaba con claridad la problemática en torno a este enclave, cuya localización seguía siendo desconocida hasta hoy. 

Más allá de las referencias recogidas en las fuentes y de los fallidos intentos por localizarlo, solo se han planteado hipótesis que lo sitúan en distintos puntos de la Caldera de Tirajana, donde dichas fuentes insisten en ubicarlo. Su caso recuerda al de la Fortaleza de Ajodar, cuya ubicación exacta continúa hoy sin esclarecerse plenamente. 

Sin embargo, la minuciosa investigación de Víctor Perera Mendoza, especialista en toponimia amazige de Gran Canaria y colaborador de IURAN, aporta nuevas claves documentales que permiten acotar tanto su posible emplazamiento como su extensión aproximada, arrojando así nueva luz sobre un enigma que se remonta a siglos atrás. 

El Santuario de Umiaya 

 Como señalan las fuentes, los antiguos canarios —población amazige de Gran Canaria— contaban con tres grandes santuarios de montaña: Amagro y Tírmac, situados en el teérmino de Gáldar, y Umiaya, en Tirajana, dentro del término de Telde. 

Los dos primeros son bien conocidos, ya que sus denominaciones han perdurado hasta nuestros días. Sin embargo, la localización precisa de Umiaya ha sido considerada durante siglos un enigma: la pérdida del topónimo y la abundancia de restos arqueológicos en toda la comarca de Tirajana han dificultado la identificación exacta de este importante enclave ritual. 

Risco Blanco. Foto: Atlas Rural de Gran Canaria.


«También íban ados Ríscos mui altos, Tírmah en el termíno de Galdar, y otro en Tírahana llamado humíaía y ríscos blancos; Juraban por estos dos riscos muí solemnemente: a ellos iban en prosecíon con ramos í palmas ilas Maguas o Vírgínes Con Vasos deleche para regar; daban voçes í alzaban ambas manos í rostro hacìa el cíelo, irodeaban el peñasco ídealli iban ael mar ídaban conlos ramos» 

                                                                                 [Gómez Escudero (1484)]. 



 La importancia de estos santuarios de montaña era considerable, pues en ellos se celebraban procesiones periódicas destinadas a la realización de rogativas y rituales, probablemente dirigidos a Acorán, la principal divinidad de los antiguos canarios, asociada al cielo. Se trataba, por lo general, de grandes riscos sacralizados que dominaban amplios territorios, en los que incluso los fugitivos podían hallar refugio y donde el pastoreo estaba prohibido. Su trascendencia era tal que sus propios nombres se empleaban en juramentos solemnes de obligado cumplimiento. 


«Tenían dos ríscos muy altos donde íban conprocesíones en sus necesidades, el vn rísco se llamaba Tírmac, en el termino de Galdar, y el otro rísco se llamaba Umíaya en Tírahana, que dicen los riscos blancos, termíno de Telde; y quíen huraba por Tírmac, ô por Umíaya, se auía de cumplir por ser juramento graue» 

                                                                    [Abreu Galindo (1590) ]

 

En el caso de Umiaya, el historiador teldense del siglo XVII Tomás Marín de Cubas, lo consideraba el principal adoratorio y señalaba la existencia de la mayor universidad para los niños hábiles. 


 “(…) el maior adoratorio onde hacian romerias era Almogaren de Jumiaia, que es una cassa depiedra sobre un alto risco en Tirajana llamados riscos blancos, (…) [Marín 1694]. [...] y si havia Niños aviles los inviaban a Jumiaia como amaior universidad si no es que fuesen de fuerza, y animo para la guerra; por que esta era su primer instituto» 

                                                                               [Marín de Cubas (1694)].


Debate ¿dónde está Umiaya?


Macizo de Amurga visto desde la Fortaleza. Foto: Bientratar.org

 Existe un amplio debate entre historiadores y especialistas, en gran medida debido a que, tras caer en desuso el topónimo, su conocimiento quedó limitado a las crónicas, a menudo imprecisas. Estas describen de forma vaga el santuario de Umiaya y presentan notables inconsistencias: en ocasiones mencionan Amagro y Tirma, omitiendo a Umiaya; en otras, citan Tirma y Umiaya, dejando de lado Amagro. 

 La referencia más concreta apunta a los Riscos Blancos; sin embargo, la ausencia de evidencias arqueológicas concluyentes y su falta de correspondencia con determinadas descripciones llevaron incluso a cuestionar la propia existencia del santuario. 

En 2019, con el objetivo de esclarecer este enigma, el equipo arqueológico responsable de diversos yacimientos vinculados a La Fortaleza, en la Caldera de Tirajana, llevó a cabo una investigación específica. Sus conclusiones descartaban las hipótesis de Risco Blanco y El Campanario por la falta de evidencias materiales, proponiendo en su lugar el Macizo de Amurga, también situado en la Caldera de Tirajana, como posible emplazamiento de Umiaya. 

Con todo, cabe preguntarse si la ausencia de registro arqueológico constituye un argumento suficiente, especialmente si se tiene en cuenta que esta misma carencia se observa en los santuarios de Tirmac y Amagro, en el noroeste de la isla. 

Conclusión del último estudio 

Risco de Umiaya. Foto: Yeray Velázquez Cubas

En un artículo reciente (Nuevos datos para la ubicación de Umiaya), el investigador y especialista en toponimia amazige de Gran Canaria, Víctor Perera Mendoza, aporta nuevas claves documentales que permiten acotar la ubicación y la extensión aproximada de Umiaya. Su trabajo demuestra que el topónimo, con sus distintas variantes, permaneció en uso durante varios siglos tras la conquista, al menos hasta el siglo XVIII. Asimismo, identifica referencias precisas a un risco que se ajusta a las descripciones de los cronistas y primeros historiadores, quienes ya lo habían vinculado con los Riscos Blancos. Este enclave coincide con algunos de los riscos más elevados de Tirajana, lo que refuerza la hipótesis de su localización en este ámbito geográfico. 

Significado

El topónimo presenta en la documentación diversas transcripciones: Humaya, Humiaia, Jumiaia. Jumiaga, Umiaga, Untjaya, Omyaya, Umiaya, Humyaya, Umaia, Umaya, Umiaga, Humiaga. Su morfología amazige revela que se trata de un sustantivo singular masculino. Pero ¿qué podría significar? 

La hipótesis propuesta más sólida hasta el momento es la de Reyes García que lo vincula con la raíz Y que remite al verbo ajj o ăyyu en su acepción de 'reservar, guardar, conservar'. Así lo traduce como umyayya, n. vb. r. m. sing. lit. ‘éste (de aquí es) (para, donde) guardarse’, lib. ‘el refugio, asilo, amparo, protección’.