20 mar. 2014

Tabburt n Tefsit (Equinoccio de Primavera)

  • No tenemos referencias de que los antiguos canarios celebraran el Equinoccio de Primavera pero, todo parece indicar que lo observaban.
  • Entre los bereberes continentales, pueblos emparentados con los indígenas canarios, observaban este equinoccio como una de las cuatro "puertas" del año.
  • Queda documentado entre los amazighes del Continente rituales de origenes animista vinculados con la llegada de estación primaveral. Algunos aún se conservan folclorizados.
El investigador Josué Cabrera aborda en este artículo el posible papel y significado que pudo jugar el equinoccio de primavera en la sociedad indígena canaria. 

Si bien es cierto que no hay constancia documental que corrobore la celebración del Equinoccio de Primavera por parte de la antigua población amazighe de Canarias, el fuerte carácter animista de aquella antigua sociedad, exclusivamente dependiente del medio natural que le aseguraba su supervivencia como pueblo, nos lleva a pensar casi con total seguridad, que esta efeméride astronómica no pasaría inadvertida, antaño, para aquellos hijos del Sol que observaban con mucho cuidado el tránsito de los cuerpos celestes en la Gran Bóveda. 

Así lo demuentran, aparentemente, las últimas investigaciones arqueoastronómicas realizadas en diferentes yacimientos del territorio insular vinculados al culto astral. Desde estos lugares se pueden presenciar proyecciones de luz y/o sombra sobre grabados rupestres, así como el ocaso y/u orto del Sol en el Equinoccio Vernal sobre determinados hitos geográficos visibles desde estos puntos estratégicos.



Marcador equinoccial de Amurga (Gran Canaria)












La población amazighe continental, nos aporta, por otro lado, una sencilla pero rica tradición cultural ligada a la observación de la apertura de la puerta de la primavera. Una estación caracterizada por la abundancia de pastos y flores en los campos, que captan la atención del ganado doméstico, así como de los insectos polinizadores. El frío del invierno se retira y el calor comienza a aumentar a lo largo de la estación vernal, madurando las espigas de los cereales sembrados durante el Akrez (sementera), tras las primeras lluvias del otoño. Es una época del año bastante crítica, que requiere unas condiciones climáticas especiales, ya que de ello depende el futuro de las cosechas. La lluvia excesiva y el frío pudren el cereal, y un golpe de calor fuera de tiempo seca las espigas antes de que alcancen su madurez final. Así pues, ante una estación tan deseada como temida, la población pone en marcha, cíclicamente, todos los mecanismos necesarios para paliar sus consecuencias negativas y atraer los resultados esperados. La magia "homeopática" o "simpática" juega un papel primordial en esta metodología, mediante ritos y ceremonias arcaicas que pretenden modificar el curso natural de las cosas, si es que, previamente, mediante los augurios de los más reputados se auspicia la llegada de un inminente período nefasto.

 Existen dos períodos principales en la observación de la entrada de la primavera. El primer día es aproximadamente tres semanas antes del Equinoccio, en el que una cena muy peculiar, consumida sólo una vez al año, se lleva a cabo en el seno de cada familia. Es la llamada Imensi n Tafsit. Para la ocasión se suelen sacrificar gallinas y pollos, que pasan a formar parte un cuscús de verduras, condimentado con el ingrediente estrella de esta cena, la Thapsia. Esta planta tan tóxica de la familia de las Apiaceae y natural del Norte de África, es empleada en bajas dosis para tratar y prevenir de manera natural la aparición de gripes, alergias y demás enfermedades características de la primavera. Un sólo tabú es observado con motivo de esta cena; no beber líquidos durante las 6 primeras horas después de comer, ya que el contacto de éstos con los principios activos de esta planta produce náuseas, vómitos y diarreas.

 Al día siguiente, y con el cuerpo purificado, las matriarcas de la casa se levantan temprano para acicalarse y ponerse sus mejores prendas y joyas. Entonces, junto con sus hijos, salen del hogar emitiendo los característicos gritos o yuyús, llevando unas bandejas que contienen una especie de crêpes y de tortas que ofrendan a la Señora de la Primavera y a los espíritus de la naturaleza. Algunas tortas son entregadas a los pastores, para que las hagan rodar colina abajo, imitando el movimiento del disco solar que impregna, a partir de ahora, los campos con su luz y con su calor. Los hombres tocan y cantan, mientras que los niños se encargan de recoger hierbas aromáticas que sirven para hacer el almuerzo de ese día, al tiempo que las muchachas a las que les ha venido su primera regla, se echan a rodar, sobre el húmedo tapiz de hierbas y flores de las praderas. Antaño, este gesto suponía todo un rito de paso para las jóvenes adolescentes, que marcaba el momento en el que ya podían participar del cortejo de los muchachos, una vez habían sido dotadas del don de la fertilidad, al igual que los campos florecidos y verdes de la primavera.

Primavera (tafsut o tafsit) en la región amazigh de Cabilia (Argelia), donde se encuentra la población bereber de la cual se han rescatado numerosas tradiciones de origen animista. Foto: kabyliephotos.com

Esa misma noche, las matriarcas ofrecen otra ofrenda a los espíritus de la naturaleza, con la esperanza de satisfacer sus necesidades, y de que no estropeen los cultivos ni entren en sus hogares en forma de hormigas para expoliar las semillas y los granos almacenados. Pero la característica principal de esta ofrenda es que se trata de unas tortas de harina seca, con el fin de que, mediante un acto mágico, los insectos también se sequen y no aumenten.

El segundo período festivo más importante de la primavera es el mismo día del Equinoccio o Tiririt Uzal (el regreso del día). El calendario ganadero celebra en este día el momento en que se establece un nuevo horario de pastoreo dentro de la comunidad. A partir de este momento, los pastores sacarán al ganado a pastar dos veces al día en lugar de una vez; temprano por la mañana, y por la tarde, cuando disminuya el calor del mediodía. Este aumento de consumo de pasto se traduce en aumento de leche, lo que hace que sea tan característico de la celebración de esta efeméride el consumo abundante de lácteos, como si se quisiera transmitir esa prosperidad a las cabezas de ganado.

De forma similar al primer período de la celebración de la primavera, las mujeres salen al campo por la mañana a recoger ramas y flores con las que los pastores y los demás miembros del hogar se golpean, riendo. Posteriormente, el ramo es colgado encima de la puerta de la casa, asegurándose de que toda la familia reciba el influjo o poder fértil y próspero de la estación.
 
Mujeres amazighes de Cabilia. Las mujeres son las principales transmisoras de la tradición oral en el mundo amazigh.
 La jornada parece terminar con una serie de juegos agonísticos, después del almuerzo. Este tipo de juegos consiste, básicamente, en el enfrentamiento de dos contrincantes o grupos de contrincantes, situados al este y al oeste del campo de lucha, simbolizando las dos mitades o polos primigenios complementarios de la antigua cosmivisión amazighe; el fuego y el agua, respectivamente. Uno representa el calor y la sequía, y el otro la fertilidad de las lluvias. Así pues, en función del contrincante o grupo que gane, se predice las condiciones climáticas que predominarán durante la estación vernal. Lejos de ser un mero entretenimiento, los juegos agonísticos se caracterizan por ser enfrentamientos donde se produce el derramamiento de sangre o incluso la muerte. El flujo vital actúa no sólo como tributo a los poderes de la naturaleza, sino que sirve como elemento fertilizante que asegura la supervivencia de la comunidad a través de la ley del sacrificio.

 Un corpus de tradición milenaria que ahonda sus raíces en aquellas primeras sociedades animistas que entendían el mundo como un gran entramado de infinitas fibras interconectadas e interdependientes. La comprensión del funcionamiento de la naturaleza, tanto de los seres visibles, como de sus dobles invisibles que la conforman, era una de las principales tareas en la vida cotidiana de nuestros antepasados. No partían de cero, pues existía un conocimiento que había sido acumulado por generaciones, pero su transmisión fidedigna era atesorada como la más preciada joya de la sociedad, pues de ello dependía la supervivencia del pueblo. Ahora el reto de su conservación se presenta ante nosotros, sus descendientes, en una sociedad muy diferente de aquella; una sociedad, hoy por hoy fragmentada y dependiente de la tecnología, en la que ya no se observa el movimiento de los astros en el cielo, ni se es consciente de los cambios que sufre el medio con el paso de las estaciones. Nada de eso es ya necesario, pues de ello se encargan ahora las máquinas, y todo lo que necesitamos lo cambiamos por dinero... 

Autor: Josué Cabrera González  (Estudiante de Antropología)

 
BIBLIOGRAFÍA

BARRIOS GARCÍA, José. 1997. Sistemas de numeración y calendarios de las poblaciones
bereberes de Gran Canaria y Tenerife en los siglos XIV-XV. Servicio de publicaciones de la
Universidad de la Laguna.

PÂQUES, Viviana. 1964. L’arbre cosmique Dans la pensée populaire et Dans la vie quotidinene du nord-ouest africain. París: Institut d’Ethnologie. Éditions l’Harmattan.

SERVIER, Jean. 1962. Les portes de l'année. Rites et Symboles. L’Algérie dans la tradition méditerranéenne. París: Robert Laffont. [Hay una edición completa: Tradition et civilisation berbères. Les portes de l'année. Mónaco: Éditions du Rocher, 1985].

CHAKER, Salem. 2003. Encyclopédie Berbère, XXV Iseqqemâren-Juba. Edisud. Aix- en-Provence.

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