24 ene. 2013

La astros y el relieve; referentes vitales de los antiguos isleños


ANA SANTANA. EFE. Los antiguos canarios relacionaban la salida y el ocaso del sol, la luna y algunos planetas y estrellas con elementos del paisaje de las islas y con su perfil orográfico sobre el océano. Por este motivo, orientaron y alinearon astronómicamente algunos yacimientos arqueológicos para establecer calendarios, organizar las actividades productoras de alimentos, las prácticas sociales y sus creencias. Así lo indica el conservador del Museo Arqueológico de Tenerife, José Juan Jiménez, en una entrevista, con motivo de la conferencia que tiene previsto impartir hoy en el Museo de la Naturaleza y el Hombre de la capital tinerfeña con el título "Entre la Tierra y el Cielo_ Etnoastronomía y Arqueotopografía".


José Juan Jiménez, que también es doctor en Prehistoria por la Universidad de La Laguna y ha publicado recientemente "Canarias arqueotopográfica: el paisaje de las creencias", afirma que las sociedades nativas del archipiélago contaban con una especie de "puerta estelar abierta" en el firmamento que les permitía la observación de elementos astrales para implicarlos con hitos orográficos. En esos lugares edificaban santuarios y puntos de observación, adoratorios, templos e incluso necrópolis, explica el arqueólogo, y los relacionaban con los astros, los elementos estelares, el territorio, la topografía y el paisaje, destacando montañas, degolladas, acantilados, volcanes, sierras, roques, pitones e, incluso, algunas de las islas vecinas.

Detalla Jiménez como ejemplo que "la salida y la puesta del sol y de la luna se establecían en enclaves arqueotopográficos observados reiteradamente, para luego transmitir este conocimiento por medio de su tradición oral a lo largo del tiempo".

El sol amanece sobre el Roque Bentayga marcando el Solsticio de Invierno. Foto. José Carlos Guerra.
Los nuevos enfoques científicos que combinan la etnoastronomía de las sociedades antiguas y la arqueotopografía de sus territorios contribuyen a explicar e interpretar los descubrimientos arqueológicos y permiten expandir los estudios comparativos entre islas y continentes, como puede ser el caso del archipiélago canario y el norte de África, añade el conservador del Museo Arqueológico de Tenerife. De esta manera se extraen propuestas innovadoras sobre los astros, los calendarios, los dioses y el tiempo, y en Canarias existen fuentes arqueológicas y documentales que aportan informaciones sobre la capacidad indígena para la adaptación, la reproducción y supervivencia. Según indica el arqueólogo José Juan Jiménez, "desde la visión que implica etnoastronomía y arqueotopográfia es ahora más evidente que los nativos exteriorizaron su devenir mediante la observación astral con la finalidad de organizarse a niveles productivos, reproductivos, sociales e ideológicos".

Ello sucedía no sólo con el sol y la luna, sino con planetas como Venus y estrellas como Sirio, Canopo y Fomalhaut"Los elementos astronómicos servían para organizar el calendario, ya que ortos y el ocaso se repiten de forma cíclica y, por lo tanto, ayudan a contar el tiempo, para organizar el proceso productivo y reproductivo de personas, animales y plantas", explica el científico.

Loza indígena con motivos astrales.
Del desarrollo del modelo de calendario se puede inferir el tipo de actividad productiva de las sociedades antiguas, pues cuando las construcciones u otros elementos estructurales están orientados al solsticio de invierno suelen predominar las prácticas ganaderas, mientras que si se combinan el equinoccio de primavera y el solsticio de verano, posiblemente exista un modelo organizativo agropecuario, que hay que confirmar a través de los registros arqueológicos disponibles. Puede afirmarse, según el experto, que las propias sociedades se organizaban incluso a nivel religioso a tenor de los resultados recabados de la observación astral, pues en cada caso las deidades eran vinculadas a elementos astronómicos concretos. Por eso, "los primeros dioses fueron enunciados en el firmamento y su existencia les anunciaba a través de su luminosidad". Como ejemplos de esta vinculación entre etnoastronomía y arqueotopografía, José Juan Jiménez cita el conjunto de El Julan en El Hierro, la estación rupestre de Masca en Tenerife, el almogaren de Bentayga en Gran Canaria, el yacimiento de La Fortaleza de Argodey (Chipude) en La Gomera, el Lomo de las Lajitas en La Palma y, obviamente, Tindaya en Fuerteventura. En cuanto a los mausoleos, el arqueólogo refiere el Gran túmulo de La Guancha, en Gáldar, un monumento tumular circular con 42 fosas de enterramientos, orientado a la salida del sol en el solsticio invernal. En la misma isla figuran Cuatro Puertas y Arteara, añadiendo en La Gomera los yacimientos arqueológicos de los altos de Garajonay y las Toscas del Guirre, este último orientado hacia el ocaso solar del solsticio de invierno.



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