28 nov. 2010

De morada del Mencey... a corral de cabras

Foto: Oliver Abels. www.aptosambassador.com 
Las Cuevas de Tamaide (Santa Ursula, Tenerife) son consideradas por la tradición oral como el hogar del antiguo mencey Bencomo de Taoro. A pesar de su indiscutible importancia histórica y arqueológica (declarado en 1986 Monumento Histórico-Artístico) este yacimiento cumple 25 años como en total y vergonzoso abandono institucional. Para los especialistas se trata de una situación lamentable que además no es única en la isla.


AGUSTÍN M. GONZÁLEZ STA CRUZ TENERIFE. El 14 de marzo de 1986 el entonces presidente del Gobierno de Canarias, Jerónimo Saavedra, firmó un decreto por el que se declararon monumentos histórico-artísticos de interés para la Comunidad Autónoma, la Cueva de Bencomo, en el municipio tinerfeño de Santa Úrsula, y la Cueva de Caboco de Belmaco, en la villa palmera de Mazo

Se van a cumplir 25 años de esa declaración y los caminos que han seguido estos dos monumentos de la cultura y la historia de Canarias han sido muy diferentes. Mientras Belmaco es desde 1999 un parque arqueológico con centro de interpretación, que se ha convertido en referente de la divulgación etnográfica en la isla de La Palma, la que fuera morada del Mencey de Taoro, el más poderoso de todos los menceyes de Tenerife en tiempos de la Conquista, sufre un total y vergonzoso abandono institucional, que ha permitido que desde hace décadas este lugar emblemático sea utilizado como corral de cabras, como un sucio aprisco. 

 El Pinito 

 La Cueva de Bencomo y todo su entorno, en el Barranco de El Pinito, justo en el límite entre los municipios de La Orotava y Santa Úrsula, es en la actualidad un territorio ocupado y acotado por los cabreros, que han cerrado los accesos con maderas y verjas para estabular sus rebaños. Las cabras ocupan varias de las cuevas de la ladera y hasta el cauce del barranco. El suelo del que fuera hogar del mencey permanece cubierto de una mullida alfombra de excrementos secos, acumulados durante años. La suciedad y el desorden afectan incluso al antiguo naciente de la Fuente de Tamaide. 

No es la primera vez que se produce una denuncia pública del desinterés de las administraciones por el lamentable estado en que se encuentra este monumento histórico. Los expertos consultados coinciden en que se trata de una situación lamentable y precisan que no es un caso aislado en la Isla. 

El catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna Antonio Tejera Gaspar, manifestó que el abandono de la Cueva de Bencomo es por “falta de voluntad política” y destacó además, que, “lamentablemente, Tenerife es la única isla del Archipiélago canario que no tiene ni un solo yacimiento arqueológico visitable. Las demás islas cuentan con parques arqueológicos, centros de interpretación, rutas arqueológicas, etc., pero aquí no tenemos nada. Existe la posibilidad de crear al menos una ruta arqueológica de extraordinario interés por los yacimientos del Sur, pero no se ha hecho nada hasta ahora”. 

En similares términos se expresó el profesor Juan Francisco Navarro, quien indicó que el estado del patrimonio arqueológico de Tenerife “es de juzgado de guardia, aunque no sólo por falta de voluntad política; también hemos tenido mala suerte”, matizó Navarro. 

La Cueva de Bencomo, de la que dieron noticia autores de la talla de Berthelot, Bethencourt, Álvarez Rixo y Álvarez Delgado, está situada en la ladera de Tamaide, en el margen derecho del Barranco del Pinito, dentro del término municipal de Santa Ursula y justo en la frontera natural con La Orotava. La carretera de la Cuesta de la Villa transcurre apenas veinte metros por debajo de la cueva, desde cuya pared abierta, como grandes ventanales, se divisa una extraordinaria panorámica de todo el Valle de La Orotava, con el mirador de Humboldt emplazado a sus pies. Encima de la cueva estaba el naciente de la Fuente de Tamaide, lo que la hacía aún más excepcional. 


Sus condiciones naturales, su situación estratégica, su proximidad al agua, su seguridad y su amplia perspectiva la hacían el lugar perfecto para la morada de un rey. Desde aquí Bencomo podía controlar cuanto ocurría en el Valle, desde la costa hasta el Teide. A pesar de su evidente valor etnográfico, como santuario de la cultura guanche, y de su declaración como Monumento Histórico-Artístico en 1986, parece que todos los organismos públicos se han olvidado de la casa del mencey Bencomo, empezando por los dos ayuntamientos, el Gobierno regional y el Cabildo de Tenerife, en el que residen en la actualidad las competencias de patrimonio histórico. 

 Los siete palacios 

 También llamada Cueva del Rey o de los Siete Palacios, la Cueva de Bencomo consta de tres alojamientos, comunicados internamente por un estrecho pasadizo. Una de estas dependencias está formada por dos salas ampliamente abiertas al exterior, como grandes ventanales hacia el valle, de unos tres metros de profundidad y 2’5 de alto ambas, por 6 y 8 metros de anchura, respectivamente. 

Este conjunto de la ladera de Tamaide, en el borde este del Valle de La Orotava, pudo haber sido un auchón. En este hueco de basalto nacieron, según la tradición, famosos personajes guanches que gobernaron el menceyato de Taoro, como Bencomo, Tinguaro y Bentor, así como la princesa Dácil, cantada por Viana en su poema heroico. Aquí, en Tamaide, pasaban el periodo de verano. En invierno bajaban con sus rebaños de cabras a la costa, principalmente a las cuevas y la fuente de Martiánez, en lo que es hoy el Puerto de la Cruz, en busca de un clima más benigno.

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