9 ene. 2010

Cabilia, ¿una prisión a cielo abierto ?


Aldea cabilia de Azru

Agustín Gómez. La noche. Miles de luces cubren las montañas. Impresionan esas montañas cubiertas de vidas humanas. Pocas montañas en el mundo están tan pobladas, hasta en las cimas encuentras casas. Pueblos vivos, un mundo rural entre la montaña y el mar, que se defiende. Los que se fueron, la emigración en Europa, ayuda. Más del 80% de la población vive en los pueblos. Para muchos, Tizi Ouzou es solamente el lugar de trabajo. Su vida está en el pueblo.

La Kabilia está en el corazón de Argelia. Tizi Uzu, Bejaia, Buira, Bumerdes, hasta Argel, llena de kabilios. Me viene a la mente “El apoyo mutuo” de Kropotkin en el que habla de las tradiciones colectivas y de apoyo mutuo de la zona. Kabliia, la última región de Argelia que conquistaron los franceses en 1856. La primera en liberarse de la colonización francesa. Región que los turcos no consiguieron dominar, limitándose a controlarla y vigilarla.



Hoy la realidad es terriblemente dura. En 15 kms. encuentras 4 controles : militares, policías, gendarmes. Militarización total de la zona. Sigue habiendo atentados terroristas. Los islamistas. Perfecta coartada para mantener el estado policial. Los islamistas dicen, pero la asamblea de la provincia aprueba importantes subvenciones para las zaouias, lugares para difundir el islam. Grupos de islamistas boicotean la misa de navidad de los cristianos de la zona. La policía deja hacer, no interviene. Se lucha contra el terrorismo islamista pero se ayuda a difundir sus ideas, a desarrollar su influencia social en una zona con tradición laica. Lo fundamental es domesticar la región.

El ejército es el dueño. En sus últimas operaciones, con el pretexto de la lucha antiterrorista, destruyen los bosques. 8.000 olivos, principal riqueza de la zona, han sido quemados. Pero no es solamente la represión y la militarización de la zona. Se ataca desde dentro. La rebelión de 2001 creó uno de los movimientos asamblearios y populares más importantes de este siglo : los Arch, los comités de pueblo que, a través de delegados elegidos directamente por las asambleas de cada pueblo, crearon una alternativa social y real al estado argelino. Poco queda hoy de ese movimiento. Los comités de pueblo han conseguido un cierto reconocimiento y tienen capacidad para hacer propuestas a las autoridades y ser consultados. Pero las concesiones han servido para dividirlo, descafeinarlo y conseguir la colaboración con el estado de parte de sus delegados. Personas que han utilizado la sangre y la lucha de su gente para conseguir espacios de poder y destruir la autonomía del movimiento. Encontramos decepción en muchos que vivieron esos momentos en que los pueblos de la Kabilia tomaban en sus manos la gestión de sus propias vidas, al margen del estado, del gobierno.

Nos encontramos con Kamira, Farida, Naid Zina, mujeres de la Asociación de Mujeres de la Kabilia, antes Colectivo de Mujeres “Primavera Negra”. Ellas impulsaron ese grandioso día del 21 de mayo de 2001 en que 50.000 mujeres salieron a la calle. Por primera vez, las mujeres tomaron las calles, mujeres que nunca habían salido de su aldea, se atrevieron a dejar sus casas, a apoderarse del espacio público. Un joven estudiante, detenido por la gendarmería, fue asesinado en el cuartel. La rebelión estalló. Más de 100 muertos, estado de excepción. Pero las mujeres se atrevieron, rompieron las prohibiciones y tomaron la calle.

8 de marzo de 2003. Aniversario de la rebelión. El Colectivo de Mujeres Primavera Negra organiza una exposición con fotos y carteles de los asesinados en plena calle. Todo está tomado por la policía. Les dicen que es una locura. Pero no, las mujeres vuelven a responder, mujeres de todos las edades vienen a mantener la memoria, a expresar que sus muertos son semilla de futuro. Las mujeres imponen el acto.

Kamira lo dice claro. Las asambleas de los pueblos, esa importante tradición de la que nos hablaba Kropotkin, son sólo de los hombres. En el propio informe de la asamblea de los Arch consiguieron que se recogiera como punto débil, la ausencia de la mujer en las asambleas de pueblo y la necesidad de encontrar una solución a ello. Kamira fue la primera mujer delegada en la asamblea de los Arch, elegida en su barrio de Tizi Ouzou. Sin embargo, la mujer ha tenido un papel importante tradicionalmente en la resolución de los conflictos entre aldeas y entre familias de la misma aldea. Ha tenido el papel de mediadora, la capacidad para arreglar los problemas sin usar la violencia. Su voz era respetada. Pero la religión ha ido minando esa tradición. Le asigna el papel de madre, de esposa, de hermana, no de mujer, de persona libre. Es un muro que se alza en el camino.

La Asociación de Mujeres de la Kabilia molesta al poder. Luchan contra la impunidad de los asesinatos de 2001 y eso molesta al poder que quiere borrar la memoria de sus crímenes. Luchan contra el código de la familia y por la igualdad y los derechos de las mujeres y eso molesta al poder que utiliza al Islam como religión del estado. Luchan por los derechos humanos y eso molesta al poder que los viola día a día. Luchan por la lengua y la cultura amazigh y eso molesta a un poder que se declara árabe-islamista.



Finalmente, les dejamos la palabra : “Los partidos están bloqueados, la prensa también, los sindicatos autónomos cada vez que se mueven, se encuentran delante de los jueces, los sindicalistas son despedidos, represaliados, acosados por la administración, las asociaciones que no trabajan con el gobierno, no tienen subvenciones, sólo dificultades, no está permitido hacer manifestaciones por el estado de excepción que todavía dura, se prohíben actividades, seminarios de formación, todo lo que puede hacer evolucionar la sociedad, está prohibido. Pero, a pesar de todo eso, hay voluntad, hay verdaderamente una voluntad real, que existe, de romper esta situación. Y esa voluntad se puede ver, se puede tocar, por ejemplo en lo que pasó en Kabilia. A pesar de la represión, de los asesinatos, del acoso, de las detenciones, la gente resistió y empujó al gobierno a ceder en algunos puntos, por ejemplo, en declarar la lengua amazigh como lengua nacional, aunque no hayan puesto los medios para su aplicación. Otro ejemplo, los sindicatos autónomos. Es cierto que son acosados cotidianamente, que trabajan en las peores condiciones, pero ahí están, resisten, están activos y empujan. Hay esa voluntad, esa dinámica de solidaridad entre los sindicatos autónomos, las asociaciones, que puede cambiar las cosas. Podemos conseguir cualquiera que sea la fuerza de un gobierno y su política represiva, cuando hay una voluntad popular, cambiar la realidad

Todavía encontramos en un pueblo, conservado como un cuadro, la palabra “libertad” escrita en la pared con su propia sangre por un joven, antes de morir. Primavera negra de 2001.

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