8 oct. 2009

Orígenes del folklore mahorero

Foto. grantarajal.com
Artículo extraído del libro Aportaciones al folklore tradicional de Fuerteventura, publicado por el Ayuntamiento de Puerto del Rosario, bajo la coordinación de Roberto Hernández Bautista.

Durante siglos, el pueblo majorero ha ido generando paulatinamente el folklore que hoy le identifica. En este agreste espacio geográfico, diacrónicamente se han asentado y convivido diversos grupos étnicos cuyas manifestaciones culturales con el paso de los siglos han aportado numerosas connotaciones propias al acervo cultural de la isla.


Ello a pesar de que con la forzada convivencia nacida tras la conquista se fraguó la imposición de la cultura europea sobre los restantes grupos humanos, pero este hecho no logró impedir la supervivencia de algunas manifestaciones supraestructurales de los vencidos y esclavizados majos y moriscos, puesto que en la actualidad aún se pueden reconocer algunos rasgos culturales y folklóricos propios de su identidad cultural. 


Por otro lado, paulatinamente fueron recalando en la isla numerosas influencias culturales provenientes de Europa y América, con lo que Fuerteventura no quedó al margen de los gustos musicales dominantes en la época. Pero en este territorio, quizás por la idiosincrasia peculiar del isleño, lo autóctono y el amasijo general de influencias conformaron definitivamente algo tan propio y peculiar como es el actual folklore majorero.

La música de los majos. 

Prácticamente desconocemos fuentes directas de información sobre la música que realizaban los aborígenes insulares de Fuerteventura, cuya cultura, no obstante, emparentaremos con las poblaciones bereberes norteafricanas. Las escuetas noticias aportadas por los cronistas no se ciñen a sus manifestaciones musicales y por otro lado no contamos por el momento con pervivencias musicales claras conocidas como sucede con el Tajaraste en diversas islas o el Sirinoque palmero. Sólo nos podemos referir al uso de algunos instrumentos que se han conservado hasta la actualidad y que posiblemente fueran ya utilizados por la población autóctona, como son los callaos de playa y las lapas, instrumentos éstos que aún en la actualidad se usan en determinadas manifestaciones folklóricas, y sobre cuyo uso originario la población actual se lo atribuye a los antiguos majos: Las lapas se han conocido en la isla de siempre y eran instrumentos de los guanches (Antonio Espinosa, 82 años, Puerto del Rosario). En otro orden de cosas habría que plantearse la hipótesis de los arureos o cantos en gritería colectiva que se emitían en las arrancas de las cosechas. Puedan ser originarios de la población autóctona de la isla, aunque también es factible que lo fueran de los moriscos o de ambas culturas.

La música de los moriscos. 

En el siglo XVI más de la mitad de la población de la isla era de origen morisco, puesto que en 1595 el Capellán Ginés Cabrera Betancor aportaba el dato de que existían 1.000 moriscos en Fuerteventura. Igualmente el ingeniero Próspero Cazorla citaba en el mismo año que en Lanzarote y Fuerteventura había 1.500 cabezas de moriscos. Pero para comprender la importancia de este grupo social hay que tener en cuenta que según Torriani no existían en Fuerteventura a finales del siglo XVI más de 2.000 almas, por lo que los moriscos representaban la mayor parte de la población insular. Estos moriscos pertenecían a poblaciones asentadas en la vecina costa africana que fueron esclavizadas en sucesivas razzias efectuadas por los conquistadores desde el Archipiélago Canario, para utilizarlos preferentemente en las labores del cuidado del ganado insular. 

Esta depredación humana desde Fuerteventura sería posteriormente repelida desde el continente con las expediciones de castigo de los árabes, como la de Xabán Arraez, que destruyó la ciudad de Betancuria o la de Soliman, etc. Los moriscos instalados en Fuerteventura intentaron perpetuar sus tradiciones, aunque el poder imperante dictaminó fuertes medidas que regulaban su desarrollo cultural. Así en las disposiciones del Visitador Eclesiástico Aceituno de 1.560 se reglamentaba que a cada morisco que se le sorprenda hablando su lengua o enseñándola a sus hijos se le penará con trescientos maravedíes. Igualmente en otra de sus disposiciones se les prohíbe que usen hábitos como los alquiceres y tagolintas e incluso cantar cantares moriscos en lengua aráviga, lo cual es cosa escandalosa y de mucha sospecha. 

Debió ser tal el peligro que representaba estos moriscos para la cultura europea dominante, que en las Actas del Cabildo del año 1632 se les prohibía que vivieran solos, obligándoles a avecindarse con los cristianos viejos, y que los berberiscos no osen vivir unos con otros, sino avecindados dos o tres con otros tantos cristianos viejos, so pena de cincuenta ducados.


También en las Sinodales del Obispo Jiménez del año 1600 se les impedía a las moriscas echar suertes para saber el porvenir, acusándolas de mujerzuelas que con apariencias de sortilejios o hechicerías andan haciendo diferentes embustes. A estas mujeres se les persiguió, ordenando el Cabildo instilar ya en pleno siglo XVIII, la construcción de una cárcel para recluirlas: se haga cárcel para recoger a todas las mujeres brujas por los daños tan crecidos... 

Pero retomando el tema del folklore de los moriscos, contamos con el testimonio recogido en las Actas de la Inquisición, del siglo XVI, a un personaje llamado Blas de Berneo, quien testifica sobre un curioso ritual realizado en el Barranco de Pozo Negro por un grupo de estos moriscos: ... que es verdad que yendo este testigo con otros muchos de armada para Berbería, estando en Pozo Negro, que es en la isla de Fuerteventura, comenzó a baylar una mora que se llamava Fatyma para adevinar lo que les avía de aconteser en el armada, y que estando baylando esta dicha mora saco al dicho Pedro Berrugo, que estava allí, e el dicho Pedro Berrugo comenzó a baylar luego para adevinar también, porque dize que se les rreviste el diablo en el cuerpo e que adevinan lo que ha de ser, e que después que ovo baylado un rato, el dicho Pedro Berrugo arremetyó a un fuego que escasa allí y meto las manos en el dicho fuego y desparramolo todo con las manos, e luego arremetyeron con él, que paresen que les tomara el diablo, e quitáronlo del fuego que le quemara, e que esto es la verdad. 

Esta y otras costumbres de las poblaciones africanas que convivían en la isla fueron duramente castigadas y quizás por ello la población se vio obligada a celebrar sus ritos musicales en lugares apartados y ajenos a los ojos de los ciudadanos acérrimamente cristianos y, por supuesto, a horas nocturnas donde no pudieran ser descubiertos. Referencias en este sentido las encontramos en el cuestionario elaborado por Bethencourt Afonso en 1887 donde se recogen algunos curiosos datos referidos a mujeres que cantan en lugares apartados. Veamos algunas de estas citas: 

Hay un barranco llamado Caldero, en la misma Antigua, donde dicen hay muchísimas brujas vestidas con sayal blanco que cantan y hacen mucho escándalo. Dicen que las brujas se reunían donde llaman el Cercado de las Dueñas, donde daban grandes bailes, tocando violines, panderos y guitarras y cantando desde las doce de la noche hasta el canto del gallo. En el barranco del Pozo, se oye tocar, cantar y bailar de noche.

Igualmente en nuestras tareas de prospección etnográficas, nos hemos encontrado con algunas referencias actuales similares, como el hecho de que la montaña de la Atalaya de Betancuria tenga fama de ser centro de brujas y lugar donde se cantaba y bailaba hasta el amanecer. También nos han hablado de las danzas nocturnas en la fuente de Miregua (Tetir), donde los participantes se embadurnaban de negro y bailaban hasta altas horas de la noche. 

Todo esto nos hace pensar que la fuerte tradición brujeril de la isla debe tener su origen en las prohibiciones a majos y moriscos de celebrar sus atávicos ritos de origen africano, bien distintos de los de corte europea. Esta histórica persecución cultural explicaría el hecho de que se detecten escasas pervivencias culturales moriscas, a pesar de la alta densidad demográfica que siempre ha tenido este sector de población en la isla.

 Así, por ejemplo, sabemos que existían trece aldeas moriscas en la costa este, puesto que en el informe realizado en el año 1602 por el Comisario Ginés Cabrera Bethencourt se habla de sus asentamientos: Los moriscos todos se van quedando en ellas (tierras), de tal manera que en trece aldeas que tienen en esta isla, no hay una casa de cristianos viejos'. De estas aldeas, hoy se han podido reconocer las del barranco de la Herradura y las de Triquivijate y Tuineje, donde aún es voz popular la ascendencia morisca de sus habitantes: 

Morisca es la cabra,

Morisco el cabrito.

Y los de Tuineje

moriscos toditos.

(M.ª Guerra Hernández. 60 años. Ampuyenta) 

Por último, en cuanto a sus pervivencias musicales, debemos señalar la hipótesis de Lothar Siemens sobre el origen del timple o camellito majorero, como popularmente se le conoce, puesto que en su opinión este instrumento fue generado en Fuerteventura por los moriscos inspirándose en sus guitarras morunas. Por otro lado, hay que señalar que los ameos majoreros o griterías colectivas que se emitían en las arrancadas de las cosechas mientras se cantaban romances, debieron tener su origen en las costumbres culturales africanas, bien de los antiguos majos o bien de estas poblaciones moriscas.

La música de los europeos. 

Una vez conquistada la isla, inmediatamente se introdujeron en ella nuevos instrumentos y formas musicales, imponiéndose rápidamente los gustos y costumbres europeas. Así, ya en la misma ceremonia de sumisión de los dos reyes de Fuerteventura a su nuevo señor Juan de Bethencourt, se cita en la crónica de la conquista o Le Canarien el uso de instrumentos musicales traídos por los europeos: ... y mientras el dicho señor cenaba habían músicos que tocaban, por lo cual dichos reyes no podían comer por el gusto que daba el oír a los dichos músicos... 

Por lo demás apenas se cuenta con documentación apropiada para poder apuntar algunas notas folklóricas de carácter histórico. Quizás la referencia valiosa es la que se puede entresacar de las Actas del Cabildo del siglo XVII, cuando se habla de una antigua danza ya desaparecida que era tradicional en todos los festejos de la época. 

Así se cita que se enramaban las calles y muchas veces se celebraba la danza de las espadas, baile sobre el cual apenas se conserva memoria histórica entre los majoreros actuales. También, podrían ser válidas para Fuerteventura las noticias que el navegante inglés George Glas aporta en el año 1764 sobre los bailes del Archipiélago, puesto que documenta que eran tradicionales en esta época las Zarabandas y Folías, que eran los bailes lentos, y que las danzas rápidas eran el Canario, el Fandango y el Zapateo: la primera era la danza de los antiguos, la segunda era la que más se baila por la gente popular, y la última es muy parecida a la que se baila con nuestra gaita. 

Por el contrario contamos con datos más concretos a partir del siglo XIX en el trabajo realizado por Ramón Fernández Castañeyra respondiendo a un cuestionario de Bethencourt Afonso, donde se recogen algunas notas sobre folklore tradicional de Fuerteventura. 

Documenta este investigador que a principios del siglo XIX eran tradicionales en la isla algunos bailes como el del perrito, el fandango, los aires de lima, el Juan Periñal, la cadena, folías, seguidillas y malagueñas. Estas escuetas aportaciones documentales sólo nos permiten esbozar algunas connotaciones del folklore insular. Pero, no obstante, hay que apuntar que el romancero tradicional de Fuerteventura es valiosísimo, y aunque sabemos que la mayor parte de los romances se difunden en pliegos de cordel a lo largo del siglo XIX, no podemos descartar el que algunos de estos romances fueran conocidos en la isla ya en etapas posteriores a la Conquista. 

Por otro lado, las influencias musicales generales que se aprecian en el resto del Archipiélago son perfectamente válidas para esta isla puesto que han sido y son muy populares las folías, isas, malagueñas y seguidillas originarias de la Península Ibérica, los pasacatres franceses y las danzas centroeuropeas de poleas, mazurcas y berlinas. Sin olvidar la impronta sudamericana que se plasma en los puntos cubanos y habaneras que se entonan en la mayor parte de las manifestaciones folklóricas de la isla. 


Artículo extraído del libro Aportaciones al folklore tradicional de Fuerteventura, publicado por el Ayuntamiento de Puerto del Rosario, bajo la coordinación de Roberto Hernández Bautista.

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