24 sep. 2008

Herederos de la tradición



José Jiménez. Top Canarias. Inmaculada Navarro y Diego Higuera han mezclado técnicas y formas prehispánicas con las populares para crear una cerámica con un toque especial que nos transporta a la Gran Canaria indígena. 

Tazirit es luna en lengua tamazight. Para Diego Higuera e Inmaculada Navarro, esta luna de sonido ancestral es algo más que un nombre. “Cuando nos enteramos de que era la traducción de luna en el lenguaje de los antiguos canarios decidimos que era el ideal” dice Diego. Porque Luna, en mayúsculas, esta vez, es el nombre de la hija de estos dos artesanos que han sabido, como pocos, entender la esencia de la cerámica tradicional canaria y las formas de los cacharros que usaron los antiguos pobladores de las Islas. 



Reproducciones suyas se exhiben en sitios tan dispares como el Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada de Gáldar o el Museo Nacional de Cerámica de Úbeda (Jaén). Exposiciones en el Extranjero y en otras islas también engrosan el curriculum que, según los cálculos de Inma, puede rondar las 5.000 piezas. 

 El inicio de esta historia es curioso. Diego Higuera es licenciado en Bellas Artes. Un viaje por La Palma le llevó al taller de dos afamados alfareros. "Enseguida vi que aquello era interesante para poder aplicarlo a la enseñanza" (es profesor de Dibujo en Gáldar). Entonces su mujer le habló de la tradición alfarera de La Gomera (nació y se crió cerca del centro locero de Chipude) y ahí empezó todo. "La primera vez que fuimos a una feria fue en 1986 y la gente se reía de nuestras piezas", señala. 

Encorajinados por las chanzas, decidieron aprender de los mejores y se pasaron un año a la vera de uno de los mitos de la alfarería canaria: Julianita la de Hoya de Pineda (antes Hoya del Guanche). De la maestra artesana aprendieron todo lo que saben; descubrieron los secretos de las formas populares y entonces ocurrió algo que les cambió la vida. "Por aquel entonces se empezaban a excavar las inmediaciones de la Cueva Pintada y raro era el día en el que Celso Martín de Guzmán no encontraba una cerámica nueva", explica Diego, quien quedó prendado "de la variedad de formas y de los colores de la cerámica prehispánica".  "He podido ver cerámica de toda la Península y nunca he visto la variedad de formas que tenían los antiguos canarios", señala. "La cerámica prehispánica de Gran Canaria es, sencillamente, espectacular. Cada pieza es única y eso no lo he visto en ningún sitio". 

 Y así empezaron y uniendo las dos tradiciones (la popular y la prehispánica) se convirtieron en una pareja clave para entender la cerámica de nuestros días en Canarias. "De los antiguos canarios hemos aprendido la técnica, el uso del color y el diseño de los dibujos, pero también les debemos mucho a las alfareras y alfareros que siguieron la tradición durante siglos", señala Inmaculada, depositarios de un legado que, lamentablemente, "se está perdiendo". "La alfarería se ha ido dejando porque de esto no se puede vivir", señala. "La loza ya no es una necesidad y el objeto artesano tiene otros usos".Dicen que el fruto de su trabajo se ha convertido en "un objeto de lujo" y que hoy estas huellas del pasado se mantienen como souvenirs turísticos, piezas de colección o fetiches para "gente entendida que sabe apreciar que lo que tiene entre las manos es algo especial", destaca la artesana gomera. Hasta su pequeña tienda galdense (muy cerca de la Cueva Pintada) llegan turistas y entendidos que "saben valorar en su justa medida el esfuerzo que supone hacer estas piezas". 

Obras de arte que han llamado la atención de museos y galerías de arte. "Cuando estuvimos en Praga, los alfareros checos no se creían que nuestras cerámicas se levantaran a mano" (sin usar el torno), reconoce con orgullo Diego. Y es que tanta destreza asombra. Las manos de estos dos artistas del barro se mueven con una rapidez asombrosa, pero aún así la precisión de los giros de muñeca es milimétrica. Se quitan importancia al decir que "el barro de Canarias es muy agradecido", pero en poco más de 15 minutos los "churros" informes de barro se convierten en una talla de claro sabor gomero o en un curioso asador de castañas. El secreto, aseguran, es dar con buenas materias primas. "En Gran Canaria", asegura Diego, "el barro de las medianías es muy bueno. Hasta viene gente de Tenerife a buscarlo. Nosotros solemos ir a recogerlo de donde todo el mundo sabe, pero también conocemos algunos lugares con arcillas de gran calidad que creemos que sólo sabemos nosotros. El secreto es encontrar buena arena de barranco para hacer la mezcla y ya está", dice el artesano con modestia. 

Mientras tanto, una sinfonía de círculos y triángulos que recuerdan al friso de la Cueva Pintada va dibujándose en las caras curvas de una pequeña pieza. Diego admite que "se alisa mejor una pieza con una tarjeta de crédito que con un callao de playa". "Hay que ser fieles a la tradición, pero también aprovechar otras oportunidades", bromea divertido.El pequeño taller galdense es un mar de diseños, cuadros, piezas de cerámica y hasta cabezas de papahuevo moldeadas por Diego. Uno de los escasos 20 ó 30 lugares de la Isla donde el olor del barro y los almagres (colorantes naturales usados por los indígenas) nos siguen transportando al pasado. "El futuro lo veo oscuro", dice Inmaculada: "De esto no se vive y eso es clave para que el oficio no muera". 

 Reportaje realizado por José Jiménez y Extraído de la revista Top Canarias

2 comentarios:

Amazigh dijo...

Según tengo entendido luna en tamazight es "Ayyur". Sin embargo Tazziri es "luz de luna", es un antropónimo.

Tihulawen aggôtnen

IZURAN dijo...

En algunos dialectos como en rifeño (tarifit) luna si se dice "taziri", tanemmirt por el comentario.